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Por segunda vez, una mujer es presidenta delegada en la Asamblea Sinodal
Una Asamblea Sinodal que poco a poco va entrando en temas que son decisivos en una Iglesia en la que se quiere caminar juntos y juntas. De ahí la importancia del módulo que está siendo trabajado en estos días, el Módulo B2, el tercero del Instrumentum Laboris, en el que el tema es la corresponsabilidad en la misión y lleva a cuestionarse sobre el cómo compartir mejor los dones y tareas al servicio del Evangelio.
En esa corresponsabilidad en la misión tiene un papel fundamental todo lo que hace referencia a la ministerialidad, una dinámica que es decisivo asumir si de hecho queremos hacer realidad una Iglesia sinodal, una Iglesia donde poder caminar, de hecho, juntos y juntas, en comunión. Desde ahí se puede afirmar que sin una Iglesia con ministerios asumidos por hombres y mujeres no hay corresponsabilidad en la misión, una dimensión que es decisiva en este modo de ser Iglesia al que el actual proceso sinodal nos quiere abrir.
Es verdad que se van dando pasos, que hay señales en ese sentido, pero que, si no se perpetúan en el tiempo y son asumidos en las comunidades, parroquias, pastorales, movimientos, diócesis y demás estructuras eclesiales, se quedaran en fuegos artificiales. Y eso no es algo fácil, porque en muchos lugares eso chirría. Ser una Iglesia ministerial, una Iglesia donde se vive la corresponsabilidad en la misión a partir del sacramento del bautismo, dejando para atrás una Iglesia que se estructura y funciona a partir del sacramento del orden, eso a algunos no les gusta.
Sobre todo, no gusta en la vieja Europa, donde a pesar de la falta de clero, la Iglesia católica insiste en ser clerical. De hecho, en muchas misas en Roma este fin de semana no se ha rezado por el Sínodo y por los trabajos de la Asamblea Sinodal. Como tampoco se ha hecho en España y en tantos otros lugares.
Hay curas que han llegado a decir en las homilías que, con este Sínodo, Francisco quiere provocar un cisma en la Iglesia, una afirmación que provoca risa, pero también preocupación, primero por la falta de formación, y después por el hecho de no querer soltar el poder, que en el caso de quien lo dijo es sólo para poder vivir mucho mejor de lo que lo haría sin disfrutar de los privilegios clericales que tiene. Lo bueno es que mucha gente no aguanta más esas posturas y defienden a un Papa que sienten como suyo.
Este lunes, como ya sucedió el pasado viernes, de nuevo una mujer, por segunda vez en la historia de los sínodos, ha presidido la sesión como presidenta delegada designada por el Santo Padre. La japonesa Momoko Nishimura, consagrada de los Servidores del Evangelio de la Misericordia de Dios, que se pasea con su mate por la Sala Sinodal, una costumbre adoptada en sus seis años de misión en Argentina, que demuestra la importancia de asumir la cultura local en la misión. Cuentan que Francisco la ha regalado un kilo de yerba mate a la japonesa porteña.
Son signos, pasos, lentos, pero siempre hacia adelante, hacia esa Iglesia que, por mucho que algunos se empeñen, está siendo poco a poco asumida como el modo de encarnar hoy el Evangelio, una Iglesia de comunión, participación y misión, la Iglesia sinodal.
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