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Misa presidida por Mons. Luis Fernández, obispo emérito de Rafaela
La Iglesia argentina ha hecho memoria este 5 de febrero del Cardenal Pironio. Al cumplirse 25 años de su fallecimiento, como informa la Oficina de Comunicación y Prensa de la Conferencia Episcopal Argentina, el episcopado, junto con la Acción Católica Argentina, ha celebrado una Eucaristía en la Basílica Nuestra Señora de Luján, donde descansan sus restos mortales.
Un momento para dar gracias a Dios y a la Patrona del pueblo argentino, por el testimonio de vida generosa del Venerable Cardenal Pironio y su entrega a la Iglesia, por sus enseñanzas. También una oportunidad para que la Virgen de Lujan interceda en el proceso de beatificación del purpurado.
La celebración fue presidida por Mons. Luis Fernández, obispo emérito de Rafaela y asesor nacional de la Acción Católica Argentina, y concelebrada por varios obispos, entre ellos el presidente del episcopado, Mons. Oscar Ojea, y un buen número de presbíteros.
En su homilía, el prelado comenzó destacando el gran cariño y devoción que el cardenal Pironio tuvo por Nuestra Señora de Luján desde pequeño, así como la importancia de la Eucaristía, que definía como “su lugar en el mundo”. Una celebración en la que “venimos a Lujan, para seguir caminando juntos como hermanos, pidiendo y madurando en el ‘hoy de la Iglesia la sinodalidad’, que pide compromiso, busca la comunión, lleva al encuentro y la participación, renovando la esperanza y la alegría, haciendo un mundo nuevo, donde lo Divino y lo humano se entrelazan, Cristo ofreciéndose por nosotros, y nosotros: celebrando y glorificando a Dios, con el servicio a los hermanos y con el anhelo un día, de compartir todos juntos como Pueblo de Dios, la plenitud y el gozo del cielo prometido por Jesús”, destacó Mons. Fernández.
Para el Obispo emérito de Rafaela, “el Cardenal Pironio fue el testimonio de una vida que irradiaba la frescura de la alegría y el sereno gozo de quien ‘se sabía mirado y amado por la misericordia infinita del Padre’, fuente inagotable del amor Trinitario”. Una vida marcada por el Misterio y el Evangelio, que hicieron con que “su voz, mirada y gestos, fueran expresión de una ‘admiración y asombro’, signo fuerte de una espiritualidad, nacida en la fecundidad de la Cruz y en la belleza, gozo y alegría de la Resurrección, ayudando a los jóvenes y a toda la gente, a sentir la fuerza del espíritu, que abría a la Trascendencia, y daba confianza para animarse a ir y mirar la realidad cotidiana difícil de esos tiempos, con la misma mirada de compromiso y ternura por Jesús”, según el prelado.
Del Cardenal Pironio destacó “una notable experiencia de amor a la Palabra de Dios, que, en su amplio y fecundo Ministerio Pastoral, enseñó y compartió con Laicos, Religiosas, Sacerdotes, Seminaristas y Obispos, dejando ‘primerear’ en su vida la fuerza del Espíritu Santo”. Alguien que “leyó en los signos de los tiempos de sus días, no tan distinto al nuestro, la urgencia de iluminar, de ponerse la patria al hombro, de ser ‘sal de la Tierra y luz del mundo’, como nos decía Jesús en el Evangelio de hoy, para acompañar la pobreza y el gran dolor de la humanidad frente a las incomprensiones, desconsuelos y tragedias que se viven, solo venciendo el individualismo, el desaliento y la falta de interés y, comprometiéndose en el servicio a los hermanos”.
Una vida entregada y generosa, que llevó al hoy Venerable a “reconocer la dignidad de cada ser humano”. Una vida marcada por “la cordialidad del respeto hacia toda persona, sin fingimientos, sin prejuicios, con bondad y delicadeza, sin discriminar ofrecía a todos amistad franca, sin simulaciones, con claridad de gestos, que no esquivaban la sonrisa alegre que mira a los ojos, porque calma prejuicios y temores, lleva al diálogo y es capaz de provocar la amistad fraterna”, enfatizó el Obispo emérito de Rafaela.
Desde ahí puso como ejemplo para los días de hoy, “sus virtudes, su ejemplo, su mentalidad, su espiritualidad, ese temple de amor a Dios y de amor a la realidad que toca vivir para transformarla, para no dejarnos abatir por la mediocridad e indiferencia, la simulación o la mentira, o lo que es peor la corrupción o la violencia que vivimos ante tantos niños que sufren, abuelos olvidados, familias sin trabajo para seguir siendo pacientes y capaces de saber dar lugar al otro, preocupados por los más vulnerables”. Algo que puede ser conocido en sus escritos.
Finalmente, Mons. Luis Fernández destacó en el Cardenal Pironio, “la apertura y disponibilidad a la Iglesia a la que sentía como madre, con humilde sentido obediencial a la voluntad del Padre”, en Argentina, en América Latina y en Roma, en donde dijo irradiar “un poder, una presencia de lo Divino, de lo Trascendente, de algo que no salía solo de su esfuerzo humano, sino fundamentalmente de la vinculación estrecha con Cristo en la oración”.
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