Comentario al Evangelio del 26º Domingo del Tiempo Ordinario
Ojea: “el otro, y más si es pobre, es don de Dios”
"En el ambiente flotaba el Pacto de las Catacumbas, adelante de la Iglesia pobre y para los pobres"
Una peregrinación para respirar el aire de los primeros cristianos, que vivían una Iglesia sinodal, puede ser considerado uno de los propósitos de la peregrinación que los participantes de la Asamblea Sinodal realizaron al final de los trabajos del segundo módulo del Instrumentum Laboris.
Mons. Pasquale Iacobone, presidente de la Pontificia Comisión de Arqueología Sacra, que cuida de las catacumbas, destacó la importancia de la visita para el camino sinodal. No en vano, a la importancia del lugar en los primeros siglos hay que añadir la profecía del local en el Concilio Vaticano II, con el famoso Pacto de las Catacumbas, un adelanto de la Iglesia pobre y para los pobres de Francisco, y en el Sínodo para la Amazonía, con el Pacto por el Cuidado de la Casa Común, otro elemento fundamental en el Magisterio del actual pontífice.
Las Catacumbas, como indicó el presidente de la Pontificia Comisión de Arqueología Sacra tuvieron un papel fundamental en la primera Iglesia, un local de peregrinación al que llegaban de toda Italia y del Norte de África para venerar a Pedro y Pablo, un lugar situado en el camino por el que los dos apóstoles habían llegado a la capital del Imperio. Según la tradición, fue aquí donde estuvo la primera imagen de la Concordia de Pedro y Pablo, en la que los dos apóstoles se abrazan.
Una imagen que cobra un especial significado en una Iglesia sinodal, pues supuso el camino en común de dos tradiciones cristianas que se reconcilian y superando las diferencias, se abrazan y empiezan a caminar juntos. Son testimonios que hoy pueden iluminar el caminar de la Iglesia universal, algo no fácil en los tiempos de que corren de polarizaciones, tensiones y divisiones, con lo que superar esas dinámicas se sitúa como uno de los retos de la Iglesia sinodal.
Este fue el local donde en los primeros siglos se sepultaron miles de cristianos, entre ellos varios Papas y centenas de mártires, siendo local de sepulturas de diversos santos. Entre otros San Sebastián, Sixto II, Santa Cecilia, Nereo y Aquiles. Vidas entregadas que suponen un verdadero testimonio para la Iglesia, también para la actual y para una Iglesia sinodal.
Todo ello fue puesto en las manos de Dios en una celebración en la Basílica de San Sebastián, presidida por el cardenal Hollerich, relator general del Sínodo, en la que los participantes del Sínodo fueron llamados a confiar en el Señor, pidiendo asumir la radicalidad del seguimiento del Señor y que este momento de oración, como todos los que están siendo vividos en Sínodo, sea una fuerza para anunciar hoy el Evangelio.
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