Comentario al Evangelio del 26º Domingo del Tiempo Ordinario
Ojea: “el otro, y más si es pobre, es don de Dios”
Comentario al Evangelio del XV Domingo del Tiempo Ordinario
En su comentario al evangelio del XV Domingo del Tiempo Ordinario, el obispo emérito de San Isidro, Oscar Ojea, inició sus palabras recordando que “el Papa Francisco nos habla de las dos preguntas de Dios al hombre en el libro del Génesis. La primera pregunta es a Adán cuando se esconde de su presencia después del pecado en el capítulo tercero: ¿Dónde estás?” Según el obispo argentino, “dónde estás, quiere decir, ¿Dónde estás parado? ¿Cuál es tu eje? ¿Cuál es el sentido de tu vida? ¿Dónde está tu solidez? ¿Hacia dónde caminas? ¿Cuál es tu horizonte? ¿Dónde estás?”
La segunda pregunta es a Caín, nos recuerda Ojea: “¿Dónde está tu hermano?”, señalando que “la respuesta a esa pregunta es tan importante. Caín responde: ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?”. Para el obispo, “esto se vuelve a dar en la parábola del buen samaritano. Hay un hombre que está medio muerto al costado del camino. Hay muchos que pasan de largo mirando sin ver o viendo sin mirar y se dicen: total, ¿Qué podremos hacer nosotros? Esto no tiene arreglo”.
“No son interpelados por la situación. La respuesta es la de Caín: ¿Soy acaso yo el guardián de mi hermano?”, afirma Ojea. Sin embargo, hace ver que “hay alguien que es un extranjero, que no tiene nada que ver culturalmente con el hombre que está caído, que se detiene. Para mirar hay que detenerse. La mirada es importantísima. En la mirada, seguramente al samaritano se le apareció esta realidad: Soy yo mismo, yo puedo estar mañana en esta situación o pude haber estado en otro momento”.
El obispo de San Isidro se preguntó: “¿Con qué se conectó el buen samaritano para frenar su camino y detenerse a auxiliar al hombre caído con lo que tenía, con lo que podía? ¿Qué fue lo que lo movió?” A ello respondió que “en realidad, se puso en contacto con su propia fragilidad. Vio al hermano frágil y entró en contacto con la propia fragilidad”. Eso porque “somos tan frágiles. Nacemos con tres kilos y medio necesitando de todo. No somos autosuficientes. Necesitamos de mamá, necesitamos que alguien nos lleve al pecho, que alguien nos provoque un descanso, el sueño, que nos calme el hambre y el llanto, porque todos nacemos llorando. Cuesta estar solito ahí sin mamá. Todos tenemos ese pasado, ese pasado de haber experimentado la fragilidad”.
Según Ojea, “de alguna manera, al detenerse y ver al hermano, el buen samaritano, se ve a sí mismo. Entonces se siente interpelado, por eso se detiene a ayudarlo”. Una situación que le lleva a hacer diversas preguntas: “¿Qué vemos nosotros cuando vemos a nuestros hermanos? ¿A quién vemos? ¿Vemos realmente a alguien que comparte nuestra vida, nuestro camino, nuestro destino, nuestra suerte? ¿Vemos a alguien que tiene esa dignidad que el Señor nos ha dado por ser hijos? ¿Vemos a un hermano? ¿Vemos a Jesús en él?”
“El Papa Francisco nos ha enseñado que la Iglesia es como un hospital de campaña. Y en un hospital de campaña, realmente a quienes tenemos que mirar es a los enfermos, a estos enfermos de la vida, a estos hermanos que están al costado del camino. Y yo no puedo dejar de mirar para los costados como si tuviera una escafandra y centrado en mí mismo, solamente ver aquello que me ocupa a mí”, subrayó.
Por eso, al final de sus palabras, el obispo argentino pidió “que el Señor nos abra la mirada de nuestro corazón para que desde ese corazón podamos hacer lo que podamos con el hermano que está tirado al costado del camino”.
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