Comentario al Evangelio del 26º Domingo del Tiempo Ordinario
Ojea: “el otro, y más si es pobre, es don de Dios”
Comentario al Evangelio del V Domingo de Pascua
En el V Domingo de Pascua, el obispo emérito de San Isidro, Mons. Òscar Ojea, inició su reflexión recordando las palabras de Jesús en el Evangelio: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado”. Según el obispo, “estas palabras las dice Jesús después del lavatorio de los pies. Cuando se va a Judas se crea como un clima de mayor intimidad entre los apóstoles. Entonces él les deja su herencia, la herencia más importante, la caridad. La medida del amor es el amor con que él nos ama”.
Recordando de nuevo las palabras del Evangelio, “como yo los he amado a ustedes, así ustedes deben amarse unos a otros”, Ojea afirma que eso “pone muy alta la medida del amor el Señor. Pero este amor no queda encerrado en nosotros mismos, sino que es un amor llamado a dar testimonio”. Por eso, como recuerda el texto evangélico, "en esto reconocerán que son mis discípulos, en que se aman unos a otros”, subrayando que “la caridad es el distintivo de los discípulos de Jesús”.
Ante ello, el obispo de San Isidro cuestionó: “¿Podemos decir lo mismo hoy? ¿La gente distingue a los cristianos porque nos amamos como Jesús nos ama, porque amamos a los demás como Jesús los ama?”
El obispo argentino recordó que “ayer tuve oportunidad de escuchar el testimonio de un muchacho que había pasado por la adicción. Y es impresionante como después de haber estado tirado en la calle muchísimo tiempo, sintió el afecto de una comunidad que quiso rescatarlo. Se acercaron a él desde el Hogar de Cristo, le preguntaron su nombre, lo abrazaron, lo hicieron sentir digno después de haber pasado por enormes humillaciones en su vida y allí pudo reencontrar su propia dignidad, pudo experimentar esto de ‘en esto reconocerán que son mis discípulos’. Es notable la alegría de los que se van recuperando y van ayudando y sosteniendo a los otros por la caridad a sentirse dignos”.
Finalmente, Ojea pidió “que el Señor nos conceda encontrar nuestro modo de expresar el amor, este amor de unos a otros, que el Señor lo enuncia después del lavatorio de los pies, invitándonos a vivir el amor y el servicio como la herencia suprema de su vida”.
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