Comentario al Evangelio del 26º Domingo del Tiempo Ordinario
Ojea: “el otro, y más si es pobre, es don de Dios”
Comentario al Evangelio del 17º Domingo del Tiempo Ordinario
“El evangelio de San Lucas refleja claramente los encuentros de Jesús con su Padre”, dijo Mons. Oscar Ojea, obispo emérito de San Isidro, al inicio de su reflexión sobre las lecturas del XVII Domingo del Tiempo Ordinario. El obispo argentino recordó que “muchas veces Jesús se iba a la montaña a orar, pero al mismo tiempo toda la vida de Jesús es revelarnos al Padre, mostrarnos que Dios es nuestro Padre, con qué pasión hablaría él de su Padre y cómo rezaría Jesús al Padre”.
Ojea señaló que “San Pablo respeta una palabra aramea, que es la palabra ‘abba’ en boca de Jesús, que es ‘papito’, es papá, es Padre, pero padre en la intimidad”. Y allí los apóstoles, según el obispo, “cuando lo ven rezar con esa pasión, le piden: ‘Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. Entonces, subrayó, “nos regala el Padre Nuestro, según esta versión de San Lucas”. En palabras del obispo, “primero decimos: ‘Padre’, esto supone que nos ubicamos delante de él llenos de confianza, como niños, como niños que quieren estar en brazos de su padre porque allí se sienten seguros”.
Analizando el Padrenuestro, “lo primero es desear que su nombre sea santificado, que Dios sea Dios a través nuestro, a través del cumplimiento de su voluntad, que sea santificado y que él reine, que él ejerza su dominio. Es como pedirle a Dios que se manifieste, que se manifieste a través nuestro. Y luego vienen tres peticiones que son indispensables para nuestra vida: el pan, el perdón y que nos libre del mal, que no nos deje caer en la tentación”, destacó Ojea. Para el obispo emérito de San Isidro, “estas súplicas del pan, del perdón y del vencimiento del mal y la lucha contra el mal suponen una actitud no solo confiada, sino humilde, de conocimiento que somos débiles, que necesitamos el pan de cada día, que no somos autosuficientes, que dependemos de la naturaleza, no somos sus dueños absolutos, dependemos de ella para vivir; entonces, le pedimos al Señor el pan de cada día que viene con el sudor de la frente y muchas veces con el sudor del corazón, como lo vemos en estos tiempos”.
Con relación al perdón, reflexionó: “perdona nuestras ofensas, la conciencia de que somos pecadores. Esto tiene que estar presente en la oración, y la necesidad de ser perdonados”. Finalmente, “la lucha contra el espíritu del mal. Toda nuestra vida es una lucha para no dejar que los intereses del mal entren en nuestra vida, que podamos hacer espacio para el bien, que podamos darle lugar al buen espíritu. Cuando rezamos el Padre Nuestro, nos damos cuenta de que en la lucha contra el mal no estamos solos, luchamos con él. Estamos trabajando para él y trabajando con él”.
El Señor dice, recordó Ojea, “que además de humilde y confiada, la oración debe ser perseverante. Perseverante, insistente, como fue la de Abraham. Por eso nos invita a buscar, a llamar, a golpear la puerta con insistencia, porque él no nos dejará de dar al Espíritu Santo. El Espíritu Santo, que es el amor de Dios, nunca nos dejará de dar esa conciencia de necesidad que tenemos cuando salimos de la oración. Oración humilde, confiada y perseverante”.
El obispo argentino llamó a descubrir que “hoy, en la súplica de este Padre Nuestro, pedimos especialmente por las personas mayores. Al llegar el día de San Joaquín y Santa Ana, el día de los adultos mayores, vamos a rezar especialmente por ellos”. Ojea recordó que “San Juan Pablo II decía que como el sol del atardecer es el sol más hermoso, el atardecer de la vida también es hermoso como todo atardecer, porque guarda dentro una gran sabiduría para poder aportar al mundo en que vivimos. Qué necesidad tenemos de personas mayores sabias que nos enseñen tantas cosas que estamos necesitando hoy”.
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