Comentario al Evangelio del 26º Domingo del Tiempo Ordinario
Ojea: “el otro, y más si es pobre, es don de Dios”
"Para construir una sociedad fraterna y estable"
Bienaventurados los pobres porque a ellos les pertenece el Reino de los cielos”. Recordando el texto del Evangelio de Lucas del sexto domingo del tiempo ordinario comienza Mons. Oscar Ojea su reflexión de esta semana.
El presidente del episcopado argentino se pregunta: “¿Quién es el pobre?”, a lo que responde que “el pobre, en general, en la Biblia es el que carece de bienes; al carecer de bienes carece de intensidad vital, es débil y al mismo tiempo es aquel que al carecer de bienes no puede proyectar, no tiene bienestar”.El obispo de San Isidro afirma que “es necesario para el hombre una relación instrumental con la naturaleza, si no queda carente”. Desde esa afirmación pregunta: “¿Y qué pasa con el que carece de bienes?”. La respuesta es que “necesariamente necesita apoyarse en otro, necesita depositar su confianza en otro.
Según el prelado argentino, “así como la pobreza tiene como algo malo, la carencia tiene como aspecto positivo el desencadenar una realidad espiritual necesaria, la confianza. El pobre es el que deposita confianza porque está expuesto, porque no puede confiar en sus bienes porque no los tiene, ni en sus riquezas que no la tiene, ni en su poder, ni en su capacidad y por eso no están lejos de la soberbia y necesariamente tiene que apoyarse en otro”.
Mons. Ojea insiste en “¡qué necesidad tiene nuestra sociedad de confianza! Vivimos sospechándonos; vivimos pensando que el otro algo me quiere vender, en algo me va a engañar. El obispo recuerda que “hemos tenido experiencia de decepciones, de frustraciones; hemos puesto confianza muchas veces en personas que nos han defraudado y entonces tenemos miedo, nos quedamos como paralizados y guardamos silencio; no hablamos, preferimos no hablar y preferimos la economía de palabras que es como una defensa frente al riesgo que corro de estar expuesto y de volver a quedar fuera del juego con la confianza deshecha”.
“Para poder lograr socialmente una convivencia fraterna, un mínimo acuerdo superador de contradicciones, de situaciones fuertemente contrapuestas, para poder lograr esto es necesaria la confianza y la confianza se pone en primer lugar en Dios, por eso el Señor destaca estas bienaventuranzas: el pobre es aquel que carente de todo, de alguna manera se apoya en Dios y Dios le da su apoyo”, reconoce Mons. Ojea.
Finalmente, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, afirma que “esto está confirmado en este texto del Evangelio donde el Señor después de rezar para elegir a sus apóstoles se dedica a curar a la multitud, a recibir a la multitud empobrecida por tantas carencias. El Señor se ofrece como una alternativa de confianza porque sabe que generando confianza se puede construir una sociedad verdaderamente fraterna y estable”.
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