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Bolsonaristas depredan Congreso, Palacio Presidencial y Tribunal Superior de Justicia
En la tarde de este domingo 8 de enero, los edificios del Congreso Nacional, el Palacio Presidencial y el Supremo Tribunal de Justicia de Brasil han sido depredados por los ataques terroristas de grupos radicales bolsonaristas que no aceptan el resultado de las últimas elecciones.
La Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), a través de sus redes sociales se ha manifestado “perpleja por los graves y violentos acontecimientos de Brasilia”. Ante esta situación el episcopado brasileño “hace un llamamiento a la serenidad, a la paz y al cese inmediato de los ataques criminales contra el estado democrático de derecho”. Junto con eso solicitan que “estos atentados deben contenerse inmediatamente y sus organizadores y participantes deben rendir cuentas con todo el peso de la ley”, enfatizando que “hay que proteger a los ciudadanos y la democracia”.
En la misma línea se han ido manifestando diferentes organismos de la Iglesia católica en el país. Así, la Comisión Brasileña de Justicia y Paz ha mostrado su tajante repudio ante la invasión y depredación de los edificios públicos que garantizan la democracia en el país cometida “por una turba de vándalos y terroristas”. Ante esta situación insisten en que “no podemos seguir viviendo con el odio y la violencia propagados por el anterior gobierno federal y una minoría de seguidores del antiguo presidente que, con espíritu autoritario, intentan imponer su voluntad por la fuerza”, llamando a posicionarse “en defensa de la democracia” y por el “respeto del orden democrático”.
También se ha pronunciado la Comisión Dominica de Justicia y Paz diciendo “repudiar con vehemencia los actos terroristas”, que ven como un ataque a la democracia, que consideran que “debe ser defendida y protegida por todos los ciudadanos y ciudadanas”. Juntamente con eso piden que “haya castigo inmediato de los responsables; prisión de los vándalos y sus financiadores; prohibición de todo y cualquier acto contra la democracia brasileña”, manifestando todo el apoyo al actual presidente de la República.
Desde el Consejo Nacional del Laicado de Brasil exigen que “los implicados en tales acciones, así como sus financiadores, sean identificados y juzgados por los crímenes cometidos”. Ante esta infame episodio muestran su repudio y llaman “a partir de la cultura de la paz a trabajar por una sociedad justa y fraterna, sin exclusiones o prejuicios”.
La Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais ha expresado “su pleno apoyo a la urgente defensa de la democracia brasileña y de las instituciones republicanas que la sustentan”. Su comunicado insiste en que “la defensa del Estado democrático de derecho y el funcionamiento eficaz de los poderes de la República son esenciales para que la democracia se viva en plenitud”, rechazando la violencia, la canallada política, los actos de barbarie y la impunidad. Por eso se piden respuestas ante los ataques como camino para “afrontar los desafiantes problemas que aquejan a toda la Nación, pero especialmente a los más humildes”.
Los Misioneros Combonianos han llamado con urgencia “al fin de la violencia, a la responsabilización de los autores y de los organizadores de tales actos". Por eso afirman que “como cristianos, estamos llamados a construir la paz, a la participación responsable en la política y a la defensa de los derechos y la democracia”, pidiendo la unión de todas las personas de buena voluntad.
La Congregación de los Sagrados Corazones se ha pronunciado a través de su provincial, el padre Osvanio Humberto Mariano, que afirmó que “lamentablemente estamos viviendo un momento difícil en la política nacional de nuestro país. Han sido cuatro años de una dictadura de derecha, donde se dejaron de lado todas las políticas públicas en favor de los más pobres y vulnerables”. En sus palabras ha denunciado que “la derecha, orquestada por el fanatismo bolsonarista, no acepta la derrota en las elecciones de octubre”. El religioso ha hecho ver que “la vida religiosa está siempre en línea con la profecía”, alimentando “la esperanza de que el amor debe vencer al odio”.
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