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En la Iglesia, la misión no es negociable
Cuando el ordenador se traba y deja de responder a aquello que el usuario quiere se hace un Reset. Se busca con ello volver a las condiciones originales. En una de las ruedas de prensa de esta última semana de la Segunda Sesión de la Asamblea Sinodal del Sínodo sobre la Sinodalidad, que será clausurada el domingo 27 de octubre, la canonista holandesa Myriam Wijlens comparaba el actual proceso sinodal con hacer un reset.
El sistema operativo eclesial, aquello que constituye su esencia está fundamentado en la sinodalidad y la misionariedad. El Libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando relata el modo de vida de la primera comunidad, es claro en ese sentido: “La multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma”. Un modo sinodal, que tiene con ver con el modo de vida, “un solo corazón y una sola alma”, pero también con la práctica, “todo lo tenían en común”. El juntos, un elemento fundamental de la sinodalidad, presente en el ser y en el tener.
Por otro lado, el mandato de Jesús a sus discípulos de ir a todo el mundo y predicar el Evangelio, pone de manifiesto que la misión es un imperativo en la Iglesia, no es algo negociable. Sin misión la Iglesia va muriendo a poco a poco, se va encerrando en los templos, en las sacristías, el ambiente se carga y el moho va ensuciándolo todo y destruyendo la obra original.
El tema de la Segunda Sesión de la Asamblea Sinodal del Sínodo sobre la Sinodal ha puesto el foco en la misión, cómo ser una Iglesia sinodal en misión. Es una vuelta al sistema operativo, recuperar aquello que sabemos que ha hecho y va a hacer funcionar a la Iglesia, pues la historia nos demuestra que cuando la misión y la comunión se fortalecen, la Iglesia se convierte en un verdadero testimonio de presencia de Dios en medio de su pueblo, en medio de la humanidad.
El problema de resetear es que muchas veces tenemos miedo a apretar el botón, queremos aguantar, pensando en que es posible que las cosas funcionen, cuando en realidad sabemos que eso ya vuelto algo casi imposible. Ante eso debemos preguntarnos si somos conscientes de que la Iglesia necesita reiniciar el sistema operativo. No somos capaces de arriesgarnos por miedo a perder lo poco que tenemos, que en realidad nunca lo perderíamos. Por el contrario, conseguiremos que el ardor misionero se revigore, que la comunión tome cuenta de nuestras relaciones, recorridos y se instale en los espacios intra y extra eclesiales.
El Espíritu nos lo está diciendo, confiemos en su luz, sigamos su impulso. En este momento de la historia sigamos el camino que el Papa Francisco nos está indicando. Entremos en la dinámica que nos lleva a tener un solo corazón y una sola alma, que nos impulsa a ser misioneros y misioneras hasta los confines del mundo. Nunca olvidemos las palabras de Casaldáliga: el miedo es lo contrario a la fe.
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