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Una reflexión previa al trabajo en el Documento de Síntesis
El Sínodo de la Sinodalidad, que de 4 a 29 de octubre está realizando la primera sesión de la Asamblea Sinodal, está iniciado su última semana de trabajo, en la que elaborar el Documento de Síntesis es el gran cometido. Para reflexión sobre eso Ormond Rush, profesor asociado de Religión y Teología en el Instituto de Religión e Investigación Crítica de la Universidad Católica de Australia, ayudó a los participantes del Sínodo a reflexionar desde la perspectiva del Concilio Vaticano II, que tal vez “tenga algunas lecciones para este sínodo, mientras ahora llevan a cabo la síntesis de su discernimiento sobre el futuro de la iglesia”.
En su alocución destacó como uno de los puntos de mayor tensión en el Vaticano II fue la “tradición”, relatando como fue rechazado un texto preliminar sobre “las fuentes de la revelación”, que “estaba diseñado en las categorías del neoescolasticismo, que hablaba de la revelación, la fe, la Escritura y la tradición de una manera en su mayoría unidimensional: en términos únicamente de declaraciones doctrinales proposicionales”.
El profesor australiano recordó las palabras del perito conciliar Joseph Ratzinger, que destacó que la fuente de tensión fueron dos enfoques de la tradición: una comprensión “estática” de la tradición, legalista, proposicional y ahistórica, relevante para todos los tiempos y lugares, que tiende a centrarse en el pasado, y una comprensión “dinámica”, personalista, sacramental y arraigada en la historia, realizada en el presente, pero abierta a un futuro aún por revelar, que el Concilio definió como “tradición viva”. Ratzinger habló de tres maneras interrelacionadas a través de las cuales el Espíritu Santo guía el desarrollo de la tradición apostólica: el trabajo de los teólogos; la experiencia vivida de los fieles; y la supervisión del magisterio, donde Rush ve una iglesia sinodal.
En esa perspectiva, “la tradición no debe considerarse solo de manera afirmativa, sino también críticamente”, afirmó Rush. Recordando las palabras del Papa Francisco, señaló que “la tradición es una realidad viva y solo una visión parcial considera el ‘depósito de la fe’ como algo estático”. El teólogo ve la revelación, no solo como “una comunicación de verdades sobre Dios y la vida humana, que se articula en las Escrituras y en las declaraciones doctrinales”, sino como “una comunicación del amor de Dios, un encuentro con Dios Padre en Cristo a través del Espíritu Santo”.
Una revelación que en Dei Verbum, algo importante para comprender la sinodalidad y el propósito mismo de este Sínodo, se presenta “como un encuentro continuo en el presente, y no solo como algo que sucedió en el pasado”. Una revelación que en la Dei Verbum aparece básicamente como diálogo. Desde ahí definió este Sínodo como “un diálogo con Dios, lo que Rush ve presente en las “conversaciones en el Espíritu”. Es por eso que “Dios está esperando su respuesta”. Para ello, señaló el Concilio de Jerusalén como posible inspiración, donde con “el Espíritu Santo tuvieron que llegar juntos a una nueva adaptación del Evangelio de Jesucristo con respecto a esa nueva pregunta, que no había sido prevista antes”.
Recordando que “el Vaticano II instó a la Iglesia a estar siempre atenta a los movimientos del Dios revelador y salvador presente y activo en el flujo de la historia, prestando atención a ‘los signos de los tiempos’ a la luz del Evangelio vivo”, Rush ve el discernimiento de este Sínodo como un llamado “a ver, con los ojos de Jesús, en tiempos nuevos; pero también nos insta a estar atentos a las trampas, donde podríamos estar siendo arrastrados hacia formas de pensamiento que no son de Dios”. Son trampas presentes en el hecho de “anclarse exclusivamente en el pasado, o exclusivamente en el presente, o no estar abiertos a la futura plenitud de la verdad divina a la que el Espíritu de la Verdad está guiando a la Iglesia”, desafiando a todo el pueblo de Dios a “discernir la diferencia entre oportunidades y trampas”, y para ello invitó a que “Fijemos la mirada en Jesús”.
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