A. Segal y S. Lebens (eds.), 'The Philosophy of Worship. Divine and Human Aspects'
Lo divino y lo humano en el culto
'La noche enamorada de san Juan de la Cruz", de Pedro Miguel Lamet, en Mensajeros
De entre tantas alabanzas y laudes como hay que contar y cantar en relación con el nuevo libro de Pedro Miguel Lamet, editado por “Mensajero”, con sus 556 páginas, es de obligado y agradecido cumplimiento resaltar que es de actualidad certera y objetiva y que responde a la perfección a la nota que en portada está así redactada: “La aventura de un pequeño fraile que, en medio de persecuciones, alcanzó las cimas de la libertad, la mística y la más bella poesía castellana”.
En la contraportada del libro se invita a su lectura, de esta manera: “En esta novela historia el mercader y poeta segoviano Pedro de Valdemoores, despechado por celos ante el abandono de su amante Ana de Peñalosa, emprende a caballo un viaje iniciático en busca de ese fraile que considera la causa de todos sus males. En esta búsqueda emerge la compleja España de Felipe II, su política, su Inquisición, los iluminados, el papel del monarca en la reforma, los ataques de los bandoleros, la convivencia cultural con sabios sufíes y judíos, la vida cotidiana, la rivalidad entre carmelitas y las veleidades de las damas de la corte. Pero sobre todo, la fascinante biografía de san Juan de la Cruz, junto a la andariega santa Teresa, narrada con amenidad y rigor histórico, con un único y omnipotente protagonista de fondo: el amor divino y humano”.
Hace falta estar tan dotado como lo está Pedro Miguel Lamet para afrontar una obra tan plural, extensa e intensa, como esta su nueva novela histórica, para que el resultado sea tan atractivo, brillante, coherente, y comprometa a la lectura de sus 31 capítulos, con inclusión de su documentado apéndice titulado “Historicidad y fuentes”. Pedro es poeta, místico, periodista, historiador, conocedor de hechos pasados, presentes, y aún “por venir” en la Iglesia y en las demás religiones, así como conocedor de las realidades terrenales y “sobrenaturales” en las que nos movemos y somos.
“¡Que bien sé yo la fonte!”, “El hijo de la burotera”, “Fraile y medio”, “Capricho de la princesa”, “Gran cosa es no hacer ruido”, "Cárcel y cántico”, “El vestido de los amadores”, “Demonios con salero”, “¡Oh llama de amor viva!”, ”Granada, si tú quisieras”, “La soledad del pastorcito”, “Bajo el sol andaluz”, “Como trapo de cocina”,”Quédeme y olvídeme”, “Al juntarse amor y mar”… son felices y convincentes reclamos para dedicar todo el tiempo que haga falta, y más, a la tarea de leer y releer las páginas del libro firmado por Pedro, es decir, en gran parte y proporción, por san Juan de la Cruz y por la andariega Teresa.
La actualidad del libro es patente. Los tiempos, eclesiásticos o no, no han cambiado en demasía. La Inquisición, - El ”Santo Oficio”-, aunque con nombres más discretos, amables y hasta “religiosos”, es la misma. Y los “priores”, y los “calzados” y los “descalzos, así como los obispos y “prelados”, y el “santo temor de Dios”, y lo de la “obediencia ciega y hasta irracional”. Tampoco han cambiado los nobles, los señores feudales, los nuncios, y la interpretación falaz de que “toda autoridad viene de Dios”.
Lo que felizmente no ha cambiado ni cambiará jamás, y para bien de la Iglesia y del universo, son la poesía y la prosa encarnadas en san Juan de la Cruz y en santa Teresa, el primero de ellos, con apellido de Yepes, nacido en Fontíveros, y la segunda, apellidada de Cepeda, de nacencia abulense. Esta se referirá repetidamente al “medio fraile” san Juan, como “muy espiritual y de grandes experiencias y letras”, además de “padre de mi alma”.
"Tampoco han cambiado los nobles, los señores feudales, los nuncios, y la interpretación falaz de que 'toda autoridad viene de Dios'"
Resultará de provecho, tal y como están las cosas dentro de la Iglesia, aquí y ahora insertar parte de un documento que un sacerdote le aportara en su día a Juan de Yepes, desempolvando legajos amarillentos por el paso del tiempo, de su parroquia: “Otrosí, y porque la necesidad de los pobres es muy grande, y en tal tiempo es lícito vender plata e joyas que la Iglesia tenga, para socorrer a los pobres, y porque los hospitales desta villa tienen pan y dineros, dio licencia, para que los alcaldes y regidores e diputados desta villa puedan repartir todo lo que los dichos hospitales tienen a pobres y mandó en virtud de santa obediencia y so pena de descomunión al arcipreste de Ávil o a otro cualquiera, le pase en cuenta y no lo contraiga y ansimismo la limosna del arca de Santa María por esta vez”.
“¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que la alborada!/ Oh noche, que juntaste /Amado con amada/ amada en el Amado transformada!”.
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