A. Segal y S. Lebens (eds.), 'The Philosophy of Worship. Divine and Human Aspects'
Lo divino y lo humano en el culto
Fraternidades en la intemperie. Vínculos que cuidan , el libro de Luis Aranguren en Ediciones Khaf
Como Iglesia nos encontramos en un proceso sinodal. Pero las estructuras y los nombres, algo lejanos a la realidad actual, pueden hacer que a nuestros vecinos les pase desapercibido que estamos hablando de camino compartido, de construir entre todos, de diálogo, de escucha atenta, de explicitar debilidades y errores y de no orientar nuestra mirada a lo profundo (para descubrir a Dios) y a nuestro alrededor (para reconocernos acompañados en los hermanos).
El libro que Luis Aranguren acaba de publicar en Ediciones Khaf constituye una profunda invitación a embarcarnos en una nave de recorrido incierto pero necesario: la fraternidad. El abordaje que Aranguren realiza de la vida fraterna dista mucho -nos lo repite en varias ocasiones- de idealizaciones, de estructuras prefijadas o de programaciones que no tocan la vida real. La fraternidad que el autor nos presenta es esta obra es la del “amor en ejercicio”, la que se juega su razón de ser en el contacto directo entre sus miembros, en la que se construye más sobre vínculos y cuidados que sobre “fórmulas de vida” que no convierten el corazón o nos aíslan del mundo que nos rodea (“La fraternidad se juega en el campo de los hechos y las experiencias concretas donde se verifican los valores que conlleva”).
En cada página podemos entresacar notas sobre cómo son las fraternidades reales que quieren mantenerse en una actitud de “iglesia en salida enganchada a la vida”. Porque la lectura de este libro no se convierte en una losa que nos recuerda lo mal que estamos viviendo la invitación al amor que nos hizo Jesús; más bien, dinamiza y nos abre al otro y a los más desfavorecidos.
Esa fraternidad no es un reducto donde refugiarnos de un ambiente hostil, no es una huida. Junto a la fraternidad, el otro lugar de este libro es la intemperie. Aranguren no nos habla de fraternidades a la intemperie como si aguantara un abundante aguacero de incomprensiones o ataques; él nos presenta fraternidades que, como Jesús, quieren hacer de la intemperie un camino, caracterizado por la atención, el respeto a la dignidad del otro, la colaboración, la amistad, los vínculos y el cuidado mutuo.
El autor dedica los dos primeros capítulos a ofrecernos las notas definitorias de una fraternidad que se construye sobre los vínculos y el cuidado (“El movimiento del Dios de Jesús abre puertas y ventanas” y “Vínculos y cuidado: dos reclamos complementarios”). Y a partir del capítulo 3 coloca esa realidad fraterna como fermento, poniéndola en relación con esa intemperie en la que habita (“La fraternidad cristiana, semilla del reino” “La alternativa cristiana con minúsculas” y “Los movimientos sociales (y el cristianismo en movimiento”). Este segundo paso, lo completa ofreciendo la visión del Papa Francisco y los movimientos populares. Para terminar, Aranguren enriquece su visión de la vida fraterna reflexionando sobre cómo puede contribuir esta a la construcción de una sociedad de los cuidados en un sentido amplio donde, cada uno desde su identidad y sus convicciones, haga realidad que “el cuidado esté en el centro de la vida social”.
Esto de compartir lecturas en forma de reseña no permite saber qué destacará del libro el futuro lector. Sería un ejercicio que me encantaría. Pero por si ayuda destaco algunos apartados que me han llegado especialmente. Las cuatro características del vínculo que cuida me parecen muy sugerentes y necesarias en nuestro momento (Responsabilidad, respeto, reconocimiento y reconciliación). Si tuviera que quedarme con unas pocas páginas de este libro, releería -y, sin duda, lo haré- los capítulos dedicados a la fraternidad cristiana, semilla del reino y la alternativa cristiana con minúscula.
Una última recomendación: en este libro no se les ocurra saltarse el prólogo. Son cinco lúcidas páginas donde José L. Segovia invita a la lectura de la obra de su amigo Luis, pero también realiza un enjundioso y breve acercamiento a la dimensión comunitaria de la fe donde no falta la mística del cuidado y la imagen que moviliza.
Termino con algunas citas para abrir el ojo -y el corazón- a la lectura:
-“La fraternidad se bebe a sorbos y camina despacio. Se aleja de la espectacularidad, los números y las programaciones, y habita en una cotidianeidad que pasa inadvertida”.
-[Preguntarnos sobre el cristianismo del futuro] “nos obligará no solamente a mirar hacia delante con esperanza, sino más bien a mirar hacia los lados con responsabilidad”.
-“Sentirnos vínculos y tejer vínculos forma parte de ese proceso de conversión que tiene que ver con la acción de Dios sobre el ser humano”.
-“Será el poso de hospitalidad y cuidado que circula en la vida comunitaria el que dé cuenta de la verdad de esa comunidad”.
-“Una comunidad con baja dosis de amistad puede convertirse en una suerte de pensión, oficina o taller, pero no en la fraternidad que quiso Jesús”.
-“Habitar las fronteras de todo tipo es la nueva manera de habitar el mundo cuidándolo”.
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