A. Segal y S. Lebens (eds.), 'The Philosophy of Worship. Divine and Human Aspects'
Lo divino y lo humano en el culto
'Vicente Enrique y Tarancón: la consecuencia del Evangelio' de Joseba Louzao
De la larga letanías de favores recibidos en mi vida por los que darle gracias a Dios, haber conocido y tratado a don Vicente Enrique y Tarancón, destaca entre los primeros. Conservo la comunicación oficial firmada por el entonces obispo de Solsona y, a la vez, Secretario de la llamada 'Conferencia de Metropolitanos', para ser yo elegido Consiliario Nacional de Mujeres de Acción Católica, presidida por Pilar Bellosillo, lo que confirmaría después el Cardenal Plá y Deniel - sí, el de la” Carta Colectiva de la Cruzada”-, cuyo edicto y sello “obran también en mi poder”.
Estos datos señalan un trato especial en aquellos tiempos del Nacional Catolicismo,tan exabruptos y exasperados, que terminarían con la decapitación general de todos los Consiliarios de la A.C., y de la misma organización como tal, mediando en tan “apostólica” decisión político-religiosa,Mons. don Casimiro Morcillo, arzobispo de Madrid-Alcalá y su Secretario Mons. Guerra Campos.
En mis tareas como informador religioso del periódico “PUEBLO”, de Emilio Romero y en la “Hora 25” de Manolo Martín Ferran -SER-, mis relaciones con Tarancón se multiplicaron, unas veces a insistencias suyas y otras por mi propia iniciativa. (Recuerdo cordialmente que me pedía información sobre el resultado del último partido de fútbol del Atlétic de Bilbao, y en una ocasión me refirió que le habían prometido nombrarle “socio de honor”, cosa que aún no había conseguido. Yo se lo comenté al “chopo” Iribar, viendo con él y su mujer Mercedes, por televisión en su casa, un partido internacional de futbol).
Como significativo, relato el hecho de que mis entrevistas con Tarancón en PUEBLO habían de acompañarse el mismo día, o al siguiente, con otra al arzobispo don Casimiro Morcillo, dado que, según la política profesional de Emilio Romero, “no sería posible presentar al arzobispo enemigo del Régimen, Primado de España, sin el contrapeso del de Madrid, director espiritual del Gobierno de Franco, “Caudillo de España por la gracia de Dios”.
Con humildad y humanidad reconozco que en las “Memorias” publicadas después de la muerte de don Vicente Enrique y Tarancón a éste se le “fuera el santo al cielo” y, al referirse a la Asamblea Conjunta- sacerdotes y obispos- celebrada en Madrid en septiembre de 1971, situó entre las cronistas no favorables al Concilio del Vaticano II, las publicadas por PUEBLO, que teóricamente eran o debieran haber sido redactadas por sí, pero que eran mandas publicar por comunicación de Presidencia del Gobierno -Carrero Blanco” y estas habría de ser sólo las elaboradas por la agencia oficial “Cifra-Efe”.
A Tarancón le hizo ser y ejercer como tal, el Concilio Vaticano II. En el mismo y con su sola excepción, todos sus “hermanos en episcopado españoles” se hicieron presentes con el único equipaje de sus mitras y báculos, sin más pertrechos teológicos y pastorales, no aportando nada a los estudios y vivencias del resto de los episcopados. Más aún: en contra de ellos. El Nacional Catolicismo les había absorbido el seso y la capacidad de saber y vivir la teología y el santo Evangelio, identificándolos casi en exclusiva con los “Principios Fundamentales del Movimiento” y además, y todo ello bajo palio y “en el sacrosanto nombre de Dios”.
Precisamente y con el subtítulo de la “Consecuencia del Evangelio” acaba de publicar ediciones “Khaf”, del grupo Luis Vives en su colección “Estudios Pastorales”, el libro “Vicente Enrique y Tarancón” ( 160 pp.), del que es autor Joseba Louzao Villar, profesor titular del Centro Universitario Cardenal Cisneros, crítico cultural de ”El Debate” y autor de un puñado de libros relacionados con el franquismo.
De Tarancón, el protagonista de referencia del libro baste reseñar que “nunca dejó indiferente a nadie” y que su figura, después de su fallecimiento se ha convertido en un eco lejano de un pasado que no pasa, pero que tampoco se conoce demasiado bien, lo que no deja de ser insólito para una de las personalidades centrales de la Iglesia de la segunda mitad del siglo XX, siendo imposible narrar la historia desde los estertores del franquismo hasta el desarrollo democrático posterior”.
En tiempos tan filocanonizadores como los presentes, ¿cómo sería recibida la posibilidad de llegar a ser invocado un día como santo o beato?
También te puede interesar
A. Segal y S. Lebens (eds.), 'The Philosophy of Worship. Divine and Human Aspects'
Lo divino y lo humano en el culto
"Habla sobre los valores éticos que hoy necesita la actividad política y social"
'Ética en la política. Para humanizar este mundo', la última obra de Fernando Bermúdez
Un libro de Pedro Pierre con su experiencia personal
'Esto es otro cantar', "lo que he descubierto a lo largo de estos 50 años con las CEBs latinoamericanas"
El cardenal ha presenta en Tarragona su libro Aplicación de la sinodalidad
Lluís Martínez Sistach: "La sinodalidad no tiene marcha atrás"
Lo último
Más allá de la dicotomía entre cuidado y curación.
Dejarse cuidar
Relación histórica y actual entre curar y cuidar.
Curar y cuidar
Sin comunidades alternativas en la periferia no habrá cambios internos. La historia lo demuestra: ninguna estructura se reforma solo por argumentos. Las reformas nacen cuando existen formas de vida creíbles que muestran que otra Iglesia es posible.
Monacato laico: renovar la iglesia dejando atrás una jerarquía enferma