A. Segal y S. Lebens (eds.), 'The Philosophy of Worship. Divine and Human Aspects'
Lo divino y lo humano en el culto
Una aportación inédita a la peregrinación jacobea
En dirección hacia el logro de cualquier término o fin, en la actualidad a cualquier cosa se le llama “camino”, tanto con letras mayúsculas y subrayadas, como minúsculas. Tal alteración académica-perversión a veces- demanda reflexionar con seriedad y cordura, para que, con conceptos más claros, ni nos equivoquemos ni equivoquemos a los demás.
“Camino” es definido como “vía por donde transitan habitualmente las personas, pero siempre por tierra apisonada y sin asfaltar”. Huelga referir que, a la luz itinerante de tal definición, habría de despojar la mayoría de los caminos de tan sagrada y ecológica palabra, y convertirla en “autopista”, “autovía” o en carretera de las comarcales. “Senda” -sendero- es el “camino estrecho abierto por personas y por animales”.
El autor del libro que ahora y aquí presento domina con suficiencia sobrada la gramática y el vocabulario, y el título que emplea es el de “La senda de la vida- Historias del Camino de Santiago”. Editado por “San Pablo”, con sus 232 páginas, es una aportación inédita en gran parte, a la bibliografía ancha, piadosa y pletórica de actualidad y de perdonanzas que lleva consigo la peregrinación jacobea hasta el “finis terrae” y más….
“El sacerdote y escritor franciscano, Francisco X. Castro Miramontes, reflexiona desde su ya larga experiencia como peregrino y hospitalero sobre el Camino de Santiago y las lecciones espirituales, físicas, sociales y emocionales que se aprenden transitando por la senda de las estrellas, metáfora de la propia vida”.
Fruto de libro tan “miraculoso” es en gran parte la condición de “hospitalero” que caracteriza el quehacer-ministerio franciscano de su autor reduplicamivamente bautizado con el nombre infinito de “Francisco”.
Y es que “peregrinar es mucho más que caminar físicamente, es hacerlo también por dentro. Es sentir que latimos el pálpito de un gran corazón universal que hace posible la vida”. Y para cumplir con tal menester y obra de misericordia como la de “enseñar al que no sabe” hacer el camino de Santiago y de tantos otros que hay que recorrer en la vida, es imprescindible haber hecho, hacer y ejercitarse en el oficio de la “hospitalería”.
Las anécdotas que narra el autor, protagonizadas por peregrinos que recorren sendas y senderos de todos los países de Europa, son ciertamente ejemplares y le confieren más luz al” Camino de las estrellas” de Santiago, es decir, de la VIDA. Esta -la VIDA- inspira y es, de por sí y siempre Camino.
“Ultreia et Suseia” y…”¡Buen Camino¡” para los lectores del libro del hospitalero padre Francisco; quien en uno de sus capítulos transcribe y comenta el epitafio de la tumba de Miguel de Unamuno: “Méteme, Padre Eterno en tu pecho, misterioso hogar. Allí dormiré, pues vengo deshecho del duro bregar”.
“Camino, camino blanco, /no sé para donde vas; /mas cada vez que te veo ,/quisiera poderte andar./ Ya vayas hacia Santiago…/ sé feliz y haz felices a los demás”.
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