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"En tus manos" (Narcea), un 'santo de la puerta de al lado' nos enseña a preparar una buena muerte

Prólogo de don Ginés García Beltrán, Obispo de Getafe

La vida de Cándido, un hombre sencillo, bueno, un campesino honrado, conduce al lector a agradecer la vida

En esta obra, hilvanados con realismo poético, con profundidad humana, con visión de fe, nos encontramos con temas fundamentales de nuestra existencia: vida, muerte, duelo, compasión

"En tus manos" (Narcea), un 'santo de la puerta de al lado' nos enseña a preparar una buena muerte

Lo grande, lo importante, se esconde en lo pequeño, en la simplicidad, en el abandono. Así lo repite el autor, de una u otra manera, en su canto, porque "En tus manos. Acompañar en la enfermedad y preparar una buena muerte" es un canto.

Estas páginas nos hacen descubrir, en la memoria filial y creyente, la belleza de la creación y de la salvación encarnada en un pueblo de La Mancha, en la vida de un hombre sencillo, bueno, un campesino honrado y creyente sincero, en el escenario de una familia rural y piadosa.

José Mª Avendaño Perea pone en nuestras manos unas memorias cristianas llenas de agradecimiento, de profundidad y de sentido.

La historia que cuenta este libro no es fantasía, no es ficción, sino una historia real, la historia de Cándido, uno de esos hombres que, como diría el papa Francisco, es «un santo de la puerta de al lado».

En esta obra, hilvanados con realismo poético, con profundidad humana, con visión de fe, nos encontramos con temas fundamentales de nuestra existencia: la vida, la familia, el sufrimiento, la muerte, el duelo, la orfandad, el acompañamiento de los que sufren.

Un libro que verdaderamente hace pensar, escrito por José Mª Avendaño Perea

El mejor camino para la aceptación del sufrimiento y de la muerte, para superar el duelo, es asumirlo, hacerlo parte de nuestra vida, comulgar con él con la certeza de que hemos vencido en Aquel que murió y resucitó por nosotros.

Es un libro que verdaderamente hace pensar; sus palabras y sentimientos son un remedio contra la superficialidad y la frivolidad ante las que estamos siempre tentados de sucumbir; la vida tiene su enjundia y hemos de entrar en ese misterio para poder decir al final de nuestros días, como el poeta Pablo Neruda, «confieso que he vivido».

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