A. Segal y S. Lebens (eds.), 'The Philosophy of Worship. Divine and Human Aspects'
Lo divino y lo humano en el culto
'Paraíso de la memoria', nuevo libro de José Luis Martín en Liber Factory
Entre las más lamentables carencias que hoy se detectan en la institución eclesiástica, son ya muchos los que registran con pesar, teología y Evangelio, la falta de poetas. La Iglesia no tiene poetas. Estos se exiliaron por su cuenta y riesgo, o fueron anatematizados con todas sus consecuencias divinas y humanas. Entre unas y otras, “el temor y el eternal crujir de dientes” se hicieron activa y ejecutivamente presentes.
"¿A cuántos se les cerraron a cal y canto las puertas de las catedrales y “tomar posesión” de ellas, -de sus tronos y sedes,-exactamente a consecuencia de haber versificado, o intentado versificar, la doctrina y la pastoral del Evangelio?"
Además de algún poeta “episcopalizado”, perdido y semi desterrado por parajes amazónicos selváticos, amigo lector ¿conoces a algún sacerdote o religioso que, habiendo sido y ejercido de poeta, pasara a formar parte del colegio conocido y llamado enfáticamente (“intenso o de relieve”) de “Los Sucesores de los Apóstoles” que “engrosaron” sus respectivos episcopologios? ¿A cuántos se les cerraron a cal y canto las puertas de las catedrales y “tomar posesión” de ellas, -de sus tronos y sedes,-exactamente a consecuencia de haber versificado, o intentado versificar, la doctrina y la pastoral del Evangelio?
“No a los obispos poetas”, parece campear en el escudo de armas y en la singladura de los Nuncios de SS. en los países a los que les envió la Curia Romana, hoy en vías de extinción, o de renovación profunda y radical, por la gracia de Dios y gracias también al poeta papa Francisco, hijo legítimo y predilecto de Asís en la región italiana de la Umbría, recriado en la República Argentina de “allende los mares”.
El destierro insolente, desgarrador y empobrecedor de poetas que padece la Iglesia-institución, no fue de siempre, ni en sus más remotos y ascendencias bíblicas, con mención sacrosanta para sus Libros Sagrados, como los del Pentateuco, El Cantar de los Cantares , los Salmos…, cuyos autores rezuman poesía de la buena en todos y en cada uno de sus capítulos, versos y versículos. En ellos ni cabe ni tiene sentido buscar episodios históricos, sino de educación, formación y docencia en la fe. La única o fundamental intención de autores, copistas y amanuenses, por inspiración divina fue la enseñanza de las asignaturas del amor de Dios,”por” y “con” el prójimo, de testigo y beneficiario.
Empeño tan religioso, básico y fundamental se desvela en los evangelios, lo mismo en su narrativa como en las ideas, que difunden con parábolas, gestos, palabras, silencios, y ejemplos de vida de Jesús , de sus Apóstoles y de quienes de alguna manera se hicieron presentes en su escenografía. El Evangelio -los evangelios- son todos ellos otras tantas poesías, en la rica pluralidad de sus módulos, normas o formas gramaticales o académicas, que en los ámbitos espirituales se enriquecen de manera convincente.
Una temática que con mayor fruición es cultivada en la sucesiva obra de profetas-poetas, es la del amor y cuidado hacia la Madre Tierra, desde el convencimiento tan preclaro de que la tierra huele y sabe a tierra, y que “Dios en persona creó el mundo y quedó satisfecho con su obra”, fuente y justificación de la consoladora creencia de su amor redentor que se viviera , y vivió, en la Iglesia de los primeros cristianos.
Con estos materiales, bíblicos y no otros, Jesús echó a peregrinar la Iglesia por los caminos del mundo, aún con el presentimiento de que, con el paso del tiempo, adherencias de intereses personales y de grupos, humanos y “divinos”, Códigos de Derecho Canónico, liturgias “papaganerías”, algunas Cartas Pastorales y hasta Encíclicas habrían de enturbiar, y hacer fracasar, sus planes de salvación y de vida. Menos mal que algunas de estas encíclicas, como la “Laudato si”, del papa Francisco, seguirá siendo a perpetuidad merecedora de formar parte del bloque poético por antonomasia de los “Libros Sagrados”.
Esto no obstante y pese a las reconocida y acentuada intencionalidad curial de rechazar la actividad poética en las esferas jerárquicas, en la Iglesia se mecieron las cunas de los mejores poetas del mundo. Buena parte de ellos llevaron y llevan los nombres de Francisco de Asís, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, Fray Luís de León, y poetas populares anónimos, místicos y místicas, como los autores e intérpretes de himnos litúrgicos o para -litúrgicos, de saetas semanasanteras, procesiones y cantos y bailes en romerías a los santuarios por esos mundos de Dios en íntimo y religioso contacto con la naturaleza y la Madre Tierra.
Consideraciones tan leves me las ha sugerido la lectura del último libro del amigo José Luis Martín, prolífico escritor, periodista, y poeta, que con el título de “Paraíso de la memoria”, acaba de editar Liber Factory, con elegancia, buena letra, precio, y paginación (294.pp.), sin faltar a la cita unos preciosos monigotes, que le prestan y confieren alas, agilidad y pedagogía al texto.
¡Enhorabuena, y a seguir en la tarea educadora poética para el pueblo y desde el pueblo, como voz y fiel eco del mismo!
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