A. Segal y S. Lebens (eds.), 'The Philosophy of Worship. Divine and Human Aspects'
Lo divino y lo humano en el culto
Este martes, a las 19 horas, en la Biblioteca Viva de Al Andalus
Una de las respuestas más radicales y, a la larga, más eficaces, a los discursos y delitos de odio, tan extendidos en nuestra sociedad en las organizaciones políticas de extrema derecha y en los movimientos religiosos fundamentalistas e integristas. Con un profundo calado en la sociedad y en las religiones, es la compasión, “una virtud bajo sospecha”, como afirma certeramente el filósofo Aurelio Aurelio Arteta, que debe de ser liberada de sus falsas imágenes.
En su uso habitual y en algunas de sus prácticas, la compasión remite a un sentimiento pasivo de pena y pesar alejado de la verdadera praxis compasiva con las personas sufrientes. Se tiende a identificar la compasión con una vaga simpatía que se adopta desde fuera o desde arriba con una cierta actitud de superioridad, y se suele vivir con un carácter moralista que encubre y, a veces, legitima el sufrimiento de las víctimas. Incluso se llega a responsabilizar a estas de ser las causantes de sus sufrimientos. La justificada reacción de las personas sufrientes ante dicha actitud es “no me compadezca por favor porque me estás humillando”.
Es necesario devolver a la compasión su verdadero sentido, que consiste en: conocer, ver, sentir y pensar la realidad con los ojos, la mente y el corazón de las víctimas, sin por ello caer en el victimismo, que paraliza las energías para luchar contra el dolor; escuchar el relato de sus experiencias de dolor, tomarlas en serio, no dudar de ellas; reconocer la gravedad del delito que ha generado el dolor de las víctimas; ponerse del lado y en el lugar de las personas sufrientes en una relación de igualdad y empatía; participar activamente en el sufrimiento de los otros y asumir su dolor hasta identificarse con él y hacerlo propio.
La compasión requiere tomar en serio el mal que sufren los demás, y no banalizarlo, analizar las causas que lo provocan, luchar contra ellas hasta su erradicación,denunciar a los victimarios y ofrecerles espacios de reeducación en los valores de la solidaridad y del cuidadoy ámbitos adecuados para su reintegración en la vida cívica con un cambio en la manera de pensar, de sentir, de vivir y de actuar.
La compasión constituye la dimensión fundamental de la ética, más aún, es su fundamento, la condición necesaria de la moral y la base del sentimiento moral, como afirma Arthur Schopenhauer. Ciertamente, es el fundamento de todas las éticas, las laicas y las religiosas, las filosóficas y las teológicas. En definitiva, como afirma Horkheimer, “puede superarse la moral, pero la compasión permanecerá”.
Ahora bien, la compasión no puede limitarse a curar las heridas de las víctimas. Como afirma el teólogo mártir del nazismo Dietrich Bonhoeffer, “no estanos simplemente para vendar las heridas de las víctimas bajos las ruedas de la injusticia, estamos para trabar la rueda misma con la palanca de la justicia”.
A su vez, hay que ubicar la compasión en el contexto sociocultural y político concreto donde debe practicarse para no ofrecer una imagen idealizada e idealista o un discurso abstracto que se queda en las nubes y no hace pie en la historia. Es necesario, asimismo, destacar su dimensión cívico-política revolucionaria, su relación con la justicia, la solidaridad y la igualdad de género, y su traducción en un cambio personal y en una transformación estructural. Hay que huir del carácter conformista y legitimador del orden establecido generador del sufrimiento eco-humano y de la orientación individualista y ahistórica en el que se ha enclaustrado a la compasión.
"Como afirma la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, compasión y amor son el puente entre las normas de la justicia y las situaciones sociales injustas"
Especial relevancia hay que conceder a la compasión y al amor en la esfera política, donde no son suficientes las solas normas jurídicas. Como afirma la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, compasión y amor son el puente entre las normas de la justicia y las situaciones sociales injustas. La compasión dota a la moralidad pública de los elementos esenciales de la ética sin los cuales la cultura pública estaría vacía.
La compasión es inseparable del amor, pero del “amor políticamente eficaz” como afirmara el sociólogo revolucionario Camilo Torres, que lo puso en práctica renunciando al ejercicio cultual del ministerio sacerdotal y comprometiéndose en los movimientos de liberación, donde encontró la muerte.
Finalmente es necesario incorporar la compasión a la memoria histórica de las víctimas, una “memoria subversiva”, como reclamara Walter Benjamin, que no se limite a recordar pasivamente los horrores del pasado, sino que rehabilite a las víctimas, les devuelva su dignidad, repare los crímenes cometidos impunemente, incluso en nombre de Dios, denuncie a los victimarios y se comprometa a no repetir tamaños atentados contra la vida y la dignidad humana.
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