A. Segal y S. Lebens (eds.), 'The Philosophy of Worship. Divine and Human Aspects'
Lo divino y lo humano en el culto
Juan José Tamayo publica en Fragmenta 'La compasión en un mundo injusto'
Solo gracias a la gracia de Dios y a algún que otro rasgo inspirado por sus “ayudantes oficiales” con la mejor de las intenciones, resulta posible que la formación-información en la fe cristiana no aísle a sus adeptos a perpetuidad en templos e iglesia con el sempiterno olor a incienso. El Evangelio no pasó de ser de ser un libro más, pero no meta, síntesis, estilo de vida y comportamiento auténticamente cristianos, en consonancia y como consecuencia de la fe en la que se nos evangelizaba. La catequesis, la teología y la liturgia atiborraban de rezos y de ritos a los “creyentes”, mientras que la vida -vida era “otra cosa” y, en ocasiones, de y de por sí, contra o al margen de lo de verdad religioso.
Verdades como la disponibilidad, la fratría, la convivencia, el amor, el respeto, la alegría, la idea de Dios-padre-madre- , la globalización, el servicio, la libertad…, esenciales todas ellas en el organigrama de cualquier planteamiento religioso, no tenían cabida, y por tanto, no había otra solución que la de limitarse a adquirir la Santa Bula, a confesarse por “Pascua Florida o antes si espera peligro de muerte” y a ensayar -solo a ensayar-, el “Cantemos al Amor de los Amores”.
De la virtud de la compasión, por ejemplo, nada de nada. Y es precisamente a tema de tan colosal y definitiva importancia humana y divina para vivir y con-vivir - adorar y servir a Dios y a los demás-, al que acaba de prestarle atención docta, precisa y documentada, Juan José Tamayo, con la publicación de su nuevo libro “La compasión en un mundo injusto”, -Fragmenta Editorial-, con sus 298 páginas..
Juan José Tamayo, doctor en Teología y Filosofía, es emérito honorífico en la Cátedra de Teología y Ciencia de las Religiones “Ignacio Ellacuría” de la Universidad Carlos III de Madrid, conferenciante internacional y profesor invitado en numerosas Universidades, tanto o más conocido y valorado en el extranjero que en España, cosa que suele ocurrir también -y de qué manera- en el campo doctoral de las Ciencias Sagradas. Es Secretario General de la Asociación de Teólogas y Teólogos “Juan XXIII”, y miembro del comité internacional del Foro Mundial de Teología y Liberación.
Huelga mentar que, con el esbozo de un “currículum “ como el suyo, siendo además uno de los intelectuales con mayor presencia pública en los medios de comunicación como la prensa, antes y ahora, la jerarquía eclesiástica, salvo raras excepciones, no sea generosa con él en la concesión de indulgencias y “Nihil Obstat”, a la mayoría de sus libros y colaboraciones.
En su nuevo libro destaca la idea de que “la compasión es una “pasión”, que se dirige espontáneamente al sufrimiento de los otros y de la naturaleza oprimida, y nos hace ser más humanos y personas más conectadas con la naturaleza de la que formamos parte. Para ser una persona compasiva no es necesario que exista un afecto previo, es suficiente con que consideremos a quienes sufren como iguales. Ese es el verdadero significado de la compasión como principio y virtud”.
Confieso personalmente haber releído las páginas 228 y ss., en las que el autor afronta el problema de “La compasión como memoria subversiva de las mujeres olvidas”, precedidas del texto imperativo de Olympia de Gouges :” ¡Mujer, despierta; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo: reconoce tus derechos¡”
Juan José vive ahora en un pueblo- pueblo de la Comunidad Autónoma de Madrid, llamado Cadalso de los Vidrios. Está de más reseñar que el nombre ”Cadalso” no significa lo que algunos malpiensen, sino el de “lugar alto”, desde el que se dominan las tierras colindantes”, tal y como refiere la RAE. El apellido “de los Vidrios”, transparenta la dedicación de sus habitantes, ya desde el siglo XV, a esta industria, de la que hay bellas y artísticas muestras en la sacristía del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Y es que las largas, anchas y profundas perspectivas, la transparencia y los campos -problemas- descubiertos y por descubrir son -debieran seren ser- notas características de todo buen teólogo.
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