"Donde no hay caridad hay desesperación. La caridad alimenta la esperanza"
Pero no se preocupan de las desgracias de sus hermanos
"Quien más comparte más vida genera"
La liturgia de la palabra de este domingo 17 del tiempo ordinario nos invita a considerar la unidad.
Es imprescindible la unidad en la vida que poseemos, quien no camina a la unidad camina al vacío de la propia existencia
Todo brota y se mantiene en unidad, la vida es unidad. El Espíritu de vida se ausenta donde no hay unidad.
Cristo nace y se entrega por nosotros para ser unidad de vida en Él, con el Padre y el Espíritu Santo.
La pregunta para cada uno de nosotros es: ¿Cuál es mi capacidad de compartir?
La generosidad marca la pauta en la dosis de compartir.
Quien más comparte más vida genera.
Se comparte ante una necesidad muy precisa.
La gente tiene hambre y son muchos los que tienen hambre. Lo que yo tengo para ofrecer es poco en la medida de la necesidad de tanta gente, pero yo comparto con generosidad mi parte desde Cristo, en quien creo.
Yo no voy a resolver sólo la necesidad de todos, esto sería injusto. Pero yo al compartir con generosidad mi parte en la necesidad del todo, y al hacerlo cada uno de nosotros de lo que nos toca compartir, se va resolviendo la necesidad de todos.
San Pablo, en la segunda lectura de la carta a los efesios hace esta referencia: un solo cuerpo y un solo Espíritu…un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios Padre de todos.
El Padre y al Madre siempre comparten con los hijos y piden a los hijos que compartan con los hermanos.
Lo primero que tenemos que aprender, es sentirnos y tratarnos como hermanos.
Son muchas las distancias que nos separan y ponen la justificación injusta para no compartir. Decimos no lo conozco, no sé quién es, no tengo obligación con él…
Se nos olvida que compartimos un mismo universo, un mismo sol, un mismo aire, una misma naturaleza, una misma vida.
La vida se mantiene porque se comparte, la vida no se sostiene si no se comparte.
Compartir es desprenderse y es dar ante una necesidad evidente que clama auxilio.
Cuántas cosas se nos pudren o se nos echan a perder porque no compartimos. No se trata de compartir irresponsablemente, hay una necesidad que se puede resolver y una vez resuelta recojo todo lo que sobró porque va a ser necesario en el camino seguir alimentando a otros.
La diferencia para nosotros como bautizados es hacerlo todo en Cristo. En Él alcanzamos la bendición al compartir, él nos une y su espíritu de vida invade nuestro ser en comunión de hermanos, de familia, de comunidad, dándonos una identidad feliz en él. Nuestros rostros y nuestras vidas son lavadas en su Sangre que nos purifica, Santifica y hace resplandecer. Son borradas nuestras impurezas por el amor de Él que nos hace grandes desde la comprensión, la amabilidad, la tolerancia y paciencia.
Solo el amor ayuda a entender y a vivir en la gran sabiduría de compartir, haciéndonos felices al compartir y recibir la ayuda desde Cristo, para superar momentos difíciles que cada uno tiene de diferente índole.
El amor de Cristo siempre nos salva y nos redime como hermanos, compartiendo.
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