"Donde no hay caridad hay desesperación. La caridad alimenta la esperanza"
Pero no se preocupan de las desgracias de sus hermanos
"Los que viven en Cristo reciben un espíritu de fortaleza y paz que los dispone a vivir con confianza"
Aunque la luz del sol, la luna y las estrellas acompañan la vida de la creación, sin embargo, no dejan de ser temporales, y llegará ese momento en el que Cristo lo será todo en todos, donde ni el sol, la luna y las estrellas serán más porque habrán terminado su ciclo de servir en la creación.
Los elegidos y los que estén escritos en el libro de la vida serán los convocados para reinar con Cristo en la eternidad.
Esa debe ser nuestra mayor atención, que Cristo reine en nuestros corazones.
En Cristo se manifiesta el Padre y en nosotros los creyentes debe reinar Cristo; viviendo y caminando en obediencia de fe detrás de Él que es nuestro Pastor, Camino, Verdad y Vida.
Debemos seguir su ejemplo de amor y de bondad, sirviendo siempre desde Él que es la Palabra que nos ilumina en nuestra obediencia de vida para disponer nuestras voluntades en Él.
Él sabe a los que ha elegido y que el Padre le ha confiado. Por ellos da su vida y son los elegidos, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida.
La Luz y el Espíritu lo comunican Jesús, porque Él es la vida, lo definitivo, donde la paz reinará definitivamente y donde todo se mueve en confianza en esa paz de Cristo.
En la paz de Cristo no cabe la turbación y aunque esté la prueba, en esa paz solo tiene cabida la confianza.
Las lecturas de este domingo 33 del tiempo ordinario del profeta Daniel, la carta a los hebreos y el evangelio de Marcos, nos invitan a centrarnos en Cristo.
Jesucristo es la puerta para entrar al cielo, en su Sangre preciosa quedan borrados nuestros pecados, en su Espíritu tenemos vida eterna.
Siempre que se apaga la luz hay turbación, entra la inquietud en experiencia de tribulación, con el miedo propio de la incerteza. En cambio, los que viven en Cristo reciben un espíritu de fortaleza y paz que los dispone a vivir con confianza en medio de la prueba.
Alimentemos por tanto el espíritu de paz y de fortaleza, alimentándonos en Cristo en el amor, en el bien; quitando toda maldad, obrando lo que es justo y misericordioso; con esa sabiduría que hace resplandecer la luz de Cristo en quienes lo viven, porque Cristo es la luz que ilumina a los hombres y, cuya luz siempre permanece.
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