"Donde no hay caridad hay desesperación. La caridad alimenta la esperanza"
Pero no se preocupan de las desgracias de sus hermanos
"La sabiduría que viene de Dios sabe y entiende del don de la libertad"
Dice Jesús que solo Dios Padre es bueno.
Nuestra semejanza con Dios se manifiesta en la bondad de sus criaturas.
Dejarnos iluminar por la verdad es abrirnos a la suma bondad. Una bondad que no deja de manifestarse en la riqueza tan variada de la misericordia.
Un corazón bueno es aquel que, en el conocimiento de la verdad, sabe tener compasión de una realidad humana que necesita ser redimida.
Es la persona buena que camina en esa mansedumbre de la paloma y en la astucia de la serpiente para no dejarse engañar por el mal y, hacer prevalecer el bien que puede lograr mover el corazón.
Así en este domingo 17 del tiempo ordinario, la primera lectura del libro de los reyes nos presenta al Rey Salomón, quien con humildad siente no poder gobernar al pueblo de Dios, Israel, se siente rebasado en esa tarea de ser Rey. Solo pide sabiduría de corazón para gobernar y poder distinguir entre el bien y el mal para actuar en justicia.
Solo quien posee el espíritu de Dios puede actuar en justicia, en razón de que el espíritu de Dios escudriña los corazones de las personas y descubre las intenciones de los hombres , si son intenciones buenas o malas.
Con Dios reinarán sólo los buenos, los que tienen un corazón misericordioso, que son compasivos, que saben perdonar, que ayudan al otro a crecer, que no son capaces de andar juzgando porque entienden que eso le corresponde a Dios.
Por eso en el evangelio de Mateo de este domingo se nos recuerda en uno de los ejemplos, en los que Jesús compara a que se parece el Reino de los cielos, dice que se parece a los pescadores, quienes después de pescar, separan los pescados buenos de los malos.
De ahí la importancia y necesidad de la conversión, para dejar de actuar el mal que desfigura en nosotros la imagen bondadosa que Dios ha querido imprimir con su espíritu en cada uno de nosotros.
San Pablo, en la carta a los Romanos, nos recuerda que Dios Padre quiere que en nosotros se reproduzca la imagen de su Hijo Jesucristo, para sentir en esa semejanza con su Hijo, la belleza de su amor de Padre.
En esa imagen que se puede reproducir de Jesús en nosotros, por el amor que tenemos a Dios, se nos justifica y glorifica.
Nuestro camino de conversión nos lleva a reproducir con mayor fidelidad la imagen de Cristo, quien pasó haciendo tanto bien, como lo afirma el apóstol san Pedro en la carta a los hechos de los apóstoles.
La sabiduría que viene de Dios sabe y entiende del don de la libertad, para saber distinguir entre el bien y el mal, y en esa verdad, actuar con justicia, sin parcialidad, entendiendo que es la forma como glorificamos a Dios.
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