"Donde no hay caridad hay desesperación. La caridad alimenta la esperanza"
Pero no se preocupan de las desgracias de sus hermanos
"Un reino de vida verdadera para caminar en el bien y en el amor"
La claridad con la que Jesús nos comunica el entendimiento de participación en este reino desde la acogida de la buena nueva que nos permite participar en la vida de la gracia divina por la comunicación de vida del mismo Espíritu Santo.
Entender este reino que Jesús trae entre nosotros que es un reino de vida verdadera para caminar en el bien y en el amor, capaz de vencer los males que carcomen la vida con sus odios, divisiones, mentiras y envidias.
Es un reino en el que se participa como ya lo revelan las mismas bienaventuranzas para transformar la vida desde un arraigo profundo en Dios.
Es un reino en el que se lucha soportando las calumnias, las adversidades a causa de la fidelidad al evangelio y a la causa de Jesús.
El martirio en esta fidelidad al evangelio y a Jesús es la expresión más profunda de un amor pleno que se sabe dar en vida muriendo a sí mismo.
Un planteamiento que está en la esencia del mismo llamado que Jesús hace a sus seguidores.
Así como los bienaventurados referidos por los evangelistas Mateo y Lucas esperan la recompensa que viene de Dios, así Jesús, en el evangelio de este domingo de la fiesta de Cristo Rey, no se deja tentar por las insistentes expresiones de quienes lo crucifican o quien está crucificado con el, si eres el mesías sálvate a ti mismo y bájate de la Cruz para salvarnos a nosotros.
En este escenario muchas veces nuestra vida de bautizados se ve tentada ante la insistencia de demostrar la soberbia de que somos nosotros los que si podemos todo, cuando Jesús nos recuerda, sin mi ustedes no pueden hacer nada o cuando dicen cuando los lleven ante tribunales y adversarios no se preocupen de lo que deben decir porque el espíritu les dará palabras a las que nadie podrá refutar, cómo ya lo hace Jesús cuando deja callados continuamente a fariseos y escribas que le ponen trampas y quieren hacerlo quedar mal.
Entender que como los bienaventurados, una vez que se ha hecho la tarea que corresponde o vivido el testimonio qué hay que dar, viene ese tiempo de Dios que le corresponde solo a Dios para sacar a la luz esa verdad que se esconde en la vida de los que confían en Dios, como ya lo confiesan los mismos que crucifican a Jesús diciendo en verdad este es el hijo de Dios. En un cambio continuo de acontecimientos sucesivos en la crucifixión: se instiga a Jesús y luego se reconoce quien es, haciendo la confesión que es el hijo de Dios y golpeándose el pecho en signo de que se han equivocado.
Hay que saber dejar que Dios se manifieste para que nuestra fe camine en esa confianza de vivir en ese entendimiento que lo único que buscamos es servir a la obra de Dios como sus hijos y hermanos entre nosotros con la fuerza del bien y el amor que siempre irrigan la bendición divina.
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