"Donde no hay caridad hay desesperación. La caridad alimenta la esperanza"
Pero no se preocupan de las desgracias de sus hermanos
"El cristiano es alguien que mira a dar fruto construyendo o reconstruyendo"
¿De qué sirve algo o alguien consagrado a Dios sino cuenta con la presencia de Dios?
En la primera lectura del libro de las Crónicas de este cuarto domingo de cuaresma, leemos que el pueblo de Dios no obedece a Dios, mofándose de sus profetas, actuando de manera rebelde, olvidándose de amar verdaderamente a Dios.
Cuando se abandona a Dios y se siguen otras idolatrías vacías donde no se hace presente espíritu de vida de Dios, entonces hay una ausencia de gracia y bendición.
El pueblo de Israel deberá encaminarse al destierro a purificarse y distinguir-valorar el amor que Dios le ha mostrado en su historia de fe.
Por eso San Pablo en su carta a los Efesios nos invita a reconocer el gran amor que Dios nos ha tenido, derramando generosamente su misericordia en nosotros, para entender que hemos sido salvados por pura bondad de Dios.
Una bondad que debe encaminarse siempre en la verdad para que acercándose a la luz pueda resplandecer, como nos recuerda este domingo el evangelio de Juan.
Los malos se caracterizan por ocultarse, por actuar a espaldas con su movimiento propio de la traición, sin el compromiso del amor.
El malvado no sabe del compromiso del amor, por eso se agazapa, se oculta, y sonríe con la malicia de tramar el perjuicio hacia a aquel que quiere hacerle daño.
De ahí lo que Jesús dice a sus discípulos, que estén despiertos porque los manda como
Ovejas en medio de lobos.
¡El lobo se caracteriza porque no tiene Piedad, devora y basta !
En cambio, el cristiano debe ser aquel que construye en el amor, la unidad. Es alguien que mira a dar fruto construyendo o reconstruyendo.
Por eso nuestro Maestro, Jesucristo, viene a reconstruir. De ahí la afirmación en el evangelio de este domingo, según San Juan: porque tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Único para que el mundo no perezca.
Todo es un don en Dios y, un don al que debemos corresponder como don en amor y servicio, esta es la característica propia de vivir el Reino de Dios, al estilo de siempre de Jesús.
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