"Donde no hay caridad hay desesperación. La caridad alimenta la esperanza"
Pero no se preocupan de las desgracias de sus hermanos
"Se muere por el otro para dar vida"
En este domingo 22 del tiempo ordinario, la palabra del Padre es la que se manifiesta en su Hijo amado Jesucristo.
Una palabra que lleva dentro de sí Jeremías como profeta del Señor.
El profeta fiel a la palabra que va anunciando una salvación de Dios manifiesta, tiene que ser una palabra que purifique y santifique la vida interior de la persona, como ya lo recuerda San Pablo en la segunda lectura a los Romanos: estamos llamados a presentar nuestros cuerpos como hostia viva, santa y agradable a Dios.
Es por eso que Jesucristo de forma imperativa le dice a Pedro: no te equivoques, tú expresión no procede de Dios sino de satanás, al pretender Pedro que Jesús no pase por la cruz, pero la cruz es expresión máxima de amor, que es la única de redimir para dar vida.
Se muere por el otro para dar vida; disminuir a uno mismo para que por amor resplandezca la luz, la vida y el amor de quien ha estado oprimido por el pecado , despreciado en su dignidad para darle al otro, como hermano y amigo, su lugar como hijo de Dios.
El amor surge como el agua, es decir corre el amor como el agua con el único fin de dar vida.
El amor corre por la cruz, como sufrimiento, como dolor, pero el amor sabe en su sabiduría, que una vez superado ese dolor o sufrimiento, se asomará el corazón del amor que es luz y es vida.
Ante ello, la luz y la vida del amor, toda sombra desaparece.
Solo el amor vence.
Se sufre ciertamente en el Mundo, porque al mundo le falta el amor. El amor en su bondad y entrega, si quiere cambiar las sombras de la maldad y el odio, tiene que pasar por la prueba misma de la Cruz para transformar la oscuridad en luz.
Quien realmente quiere amar tiene que entender qué hay que ser oblación, a la manera de Jesús.
Por eso Jeremías ha sido seducido porque el amor de Dios y, aunque sufre rechazo, burlas y traiciones, sin embargo, esa adversidad no lo sofoca, porque el amor de Dios dentro de él es más fuerte y le hace ser fiel como profeta, para expresar con toda fuerza esa palabra que le ha sido confiada.
Esa palabra de Jesús, nos conduce siempre a la voluntad de Dios para ser expresión de amor y fecundar de vida a través de la Cruz, porque siempre después del sufrimiento por amor o la tribulación viene la gracia y la bendición, ya lo dicen los santos, como Santa Rosa de Lima, a quien celebramos días atrás.
Podemos preguntarnos: cuánto tiempo tarda la adversidad, dolor o sufrimiento ? Contestamos: el alma enamorada verdaderamente sabe siempre confiar en donde se origina o brota su amor, el alma enamorada solo tiene su luz y esperanza en el amor , por eso espera con confianza a que el amor se manifieste; ya probó ese amor y quiere volver a sentirlo. Esto último vive el profeta Jeremías y es la razón porque Jesús sabe que viene del Padre y al Padre vuelve. Así San Pablo: quien nos separará del amor de Cristo? El sufrimiento ? El dolor? En todo vencemos por aquel que nos ha amado, Jesucristo!
El amor es la fuerza de nuestra perseverancia.
También te puede interesar
"Donde no hay caridad hay desesperación. La caridad alimenta la esperanza"
Pero no se preocupan de las desgracias de sus hermanos
"Hacer oración por quienes nos gobiernan"
"No pueden ustedes servir a Dios y al dinero"
"Tomar consciencia nos hace aceptar con humildad lo que hemos perdido"
Convertirnos desde una toma de consciencia de lo que sí nos da vida verdadera
"El Espíritu Santo se derrama en aquellos que lo han dejado todo por Jesús"
El Espíritu de Dios se derrama en abundancia en quien le obedece y es fiel a su voluntad
Lo último
Más allá de la dicotomía entre cuidado y curación.
Dejarse cuidar
Relación histórica y actual entre curar y cuidar.
Curar y cuidar
Sin comunidades alternativas en la periferia no habrá cambios internos. La historia lo demuestra: ninguna estructura se reforma solo por argumentos. Las reformas nacen cuando existen formas de vida creíbles que muestran que otra Iglesia es posible.
Monacato laico: renovar la iglesia dejando atrás una jerarquía enferma