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"Compartamos amor, presencia y ternura con aquellos que son una bendición en nuestras vidas"
En este cuarto domingo de adviento contemplamos, desde el texto de Lucas, el encuentro de la Virgen María con su prima Isabel, encuentro que intercambia los dones que ambas son partícipes desde el espíritu de Dios que se les ha comunicado en el don de vida de los hijos que cada una lleva en su vientre.
María e Isabel comparten sus dones, experimentando una inmensa alegría. El espíritu que a ambas se les ha comunicado se siente como una profunda comunión de vida en la bendición de las que son participes.
Preguntémonos: ¿cuáles son las bendiciones que nos caracterizan y que podemos compartir en esta navidad?
El Niño Jesús que nos nace viene a comunicarnos amor, vida y espíritu con la variedad de bienes que comunica a cada uno de los que se acercan a Él para dar alivio, calor, palabra de esperanza, compañía cercana de misericordia que nos hace sentir seguros.
Compartamos amor, presencia y ternura con aquellos que son una bendición en nuestras vidas y con aquellos que necesitan esta experiencia de bendición, confirmando la certeza de que lo que vivimos es presencia viva de Dios que se nos comunica de forma personal en nuestra propia realidad, que ilumina nuestra fe y nos da seguridad.
La virgen María va al encuentro de Isabel confirmando que su experiencia de ser Madre y haber concebido viene de Dios y que con esa seguridad debe caminar con su hijo Juan el Bautista.
El escenario de la sencillez que nos transmite el texto del profeta Miqueas y el evangelio de Lucas, nos hacen ver que Dios siempre nos comunica dones y mantiene firme la promesa de que de Belén de Efrata saldrá el Jefe de Israel para hacernos ver que en la sencillez de la vida nunca debemos perder de vista lo que es esencial y mas importante: presencia, ternura y amor que nos dan la seguridad.
Hoy es un tiempo para estar presentes donde brota la vida en primer lugar. Por eso, en el texto de la carta a los Hebreos se nos refiere de Jesús: no quisiste ofrendas ni sacrificios por los pecados por eso dije: aquí estoy Señor para hacer tu voluntad.
La actitud de Jesús es de presencia de amor que está más allá de ritos y formalismos. Siempre se nos hace un reto superar los formalismos para tener gestos que generen realmente vida en los demás.
En Jesús volvemos a la vida como hijos de Dios. Recibimos el don de hijos de Dios en el don de Jesús que muere y resucita para derramar su espíritu que nos da vida.
La navidad nos invita a vivir en este espíritu vivo de Jesús, abriendo nuestro corazón a esa presencia viva que se nos comunica siempre como un don.
Dejemos de lado nuestra soberbia y arrogancia, veamos la sencillez de la vida y acojamos los dones de cada persona con lo bueno y lo bello que hay en cada uno, intercambiando con apertura hacia el otro, dejándonos enriquecer por los demás y con generosidad, enriqueciendo a los demás con nuestros dones también, haciéndolo con sencillez generosa.
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