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"El verdadero profeta lleva siempre a que se tenga vida desde Dios"
Recorrer la vida como instrumento de servicio en la obra de Dios no resulta fácil y tiene la exigencia de poner la vida misma por la obra de Dios.
Ya lo dice el lenguaje claro del llamado que Jesús hace: el que no renuncia a sí mismo no puede ser mi discípulo.
En el evangelio de este domingo de Lucas, Jesús expresa: tengo que recibir un bautismo y como me angustia mientras llega.
Destruir o corregir lo torcido no es fácil. La dureza de los corazones o la dureza de lo torcido de la vida solo se logra flexibilizar con el fuego del amor verdadero, que quiere que brote una vida sana y purificada.
Volver a tener vida verdadera desde Jesús significa purificar aquello que está podrido y que ha matado la vida o no la deja ser fecunda para que pueda dar frutos.
Ciertamente la familia es fuente y origen de vida, pero ¿cuántas formas y procedimientos en la propia familia no son las correctas y las mejores? ¿Cuantas cosas se solapan o permiten en familia que simplemente no están bien, sin muchas veces corregir desde la familia, que al final acaban destruyendo?
Jesús viene a poner al descubierto las cosas y los corazones para conducirnos en la verdad.
Esto incomoda y rompe la aparente paz que solapa cosas turbias. Lo vemos hoy en el resultado social de tanta inseguridad y quebranto, porque muchas veces desde el seno familiar se permiten cosas incorrectas de los hijos por un bienestar engañoso que se logra a base del robo, la mentira, el abuso y la corrupción.
El proceso del cambio que plantea la segunda lectura a los hebreos nos invita a pasar la prueba que abraza el querer de Dios sobre todas las cosas, entendiendo que así se corrige el camino y, el obrar, para aventurarnos al gozo eterno que nos plantea Jesús para buscar o anhelar.
Jesús abraza la voluntad del Padre y eso lo hace decir las cosas claras, aunque no guste humanamente a sus discípulos: esta forma de hablar es muy dura, ¿quién puede soportar?; ni lo entiendan sus propios Padres: ¿no saben que debo estar en las cosas de mi Padre?
Poner a Dios por encima de todo significa tener una mirada más alta, más allá de la mirada limitada humana, que muchas veces no sabe ver desde la fe el proceder de Dios.
Así Jeremías acepta la consecuencia de ser llevado al pozo ante el abuso de las autoridades judías y el consentimiento del rey Sedecías, que no se define de qué parte está, si de Dios o de los hombres, porque primero accede con unos para echar al pozo a Jeremías y, luego accede para rescatar a Jeremías por intercesión de ebed melek.
Con Dios hay que definirse para romper con cosas engañosas que no ayudan a crecer o a no tener vida verdadera.
El verdadero profeta lleva siempre a que se tenga vida desde Dios aunque de momento no se entienda ni guste.
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