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Comentario de Alfredo Quintero al evangelio del domingo
Dios no solo ha querido morar entre los hombres sino ha querido hacerse vida verdadera encarnada en cada uno de los creyentes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día.
Es decir la naturaleza divina de Jesús unida a la naturaleza humana desde el seno de María, ha querido que todos los creyentes en él recibieran su espíritu divino.
Que gran don de dones ¡¡¡el Espíritu Santo!!! Él es comunión por naturaleza. La iglesia para vivir su vocación de comunión tiene siempre la necesidad de renovar su origen en el Espíritu Santo.
La unidad que Jesús ora en petición al Padre, sólo es posible en la manifestación viva del Espíritu Santo. No hay unidad de comunión sin el Espíritu Santo.
No hay comunión con la santísima Trinidad ni con la comunidad de los creyentes sino es por la iniciativa de gratuidad del Espíritu Santo.
Una de las grandes dificultades, en la alegría gozosa de la comunión y vida en el Espíritu Santo, es que pensamos constantemente en los merecimientos humanos, los cuales no dejan de estar sujetos, o esclavos, de la vanidad.
Pensar que lo merecemos o debemos merecerlo todo, significa, muchas veces, no dejar de controlar o mandar, siendo ante todo primero nosotros y ser nosotros mismos con miras a un gran egocentrismo.
La gratuidad de este don del Espíritu Santo es tan hermosa que nos hace experimentar el amor puro y santo que Dios nos comunica y que es una gozada completa, lo cual suscita de forma constante la acción de gracias de lo que se recibe por solo amor bondadoso.
La comunión en esa gratuidad, ya lo dirá Jesús, lo que gratuitamente han revivido gratuitamente denlo.
En la iglesia ponemos constantemente retenes a la gracia. Creemos que nosotros podemos hacer y deshacer olvidando en nosotros mismos que somos vehículos de gracia.
Cuando ponemos retenes a esa gracia evitamos que se fecunden tantos canales de fertilidad con esa agua de la gracia del Espíritu Santo que quiere correr por esas veredas que están esperando la posibilidad de manifestar sus frutos que aún están ocultos.
Ya se lo dirá Jesús a Pedro: todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo. Que gran responsabilidad en la gracia. Por eso la exigencia constante de no dejar de mirar a la conducción de la voluntad divina para obedecer de forma armónica con el querer de Dios, entendiéndonos servidores y no mandones, que controlando podemos poner retenes a la gracia.
Seamos portadores de gratuidad en comunión de los dones que cada uno ha recibido.
La naturaleza del Espíritu Santo es comunicar vida continua en fecundidad para ser alabanza de Dios creador.
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