"Donde no hay caridad hay desesperación. La caridad alimenta la esperanza"
Pero no se preocupan de las desgracias de sus hermanos
"El nacimiento de Jesús abre el camino para recibir la misma vida de Dios"
Al Llegar a esta gozosa fiesta de Navidad, que posibilita el verdadero encuentro humano con la vida.
La humanidad se ilumina y se conduce desde este niño que nos enseñará a vivir en familia y como relacionarnos con nuestros semejantes.
Los mandamientos, del amor a Dios y al prójimo, se iluminan desde la manera de vivir y de relacionarse de Jesús con el Padre Eterno y con sus semejantes los hombres.
Primero Jesús va a aprender a vivir en familia, desde el sencillo hogar de Nazareth y desde ahí aprenderá a conducir todos sus proyectos en esa relación con el Padre Eterno. En él seremos hechos hijos de Dios y nos enseñará a relacionarnos con Dios como Padre y por lo tanto como dador de vida.
El nacimiento de Jesús abre el camino para recibir la misma vida de Dios. Un Dios lleno de bondad, ya lo dirá el mismo Jesús: sólo Dios es bueno.
La vida de Jesús, María y José se distinguirá por la bondad y por una gran docilidad para obedecer los proyectos del Padre Eterno, poniendo en él toda la confianza, y experimentando el cumplimiento de todas las promesas.
Es ejemplar la paciencia y bondad de Jesús aún con sus propios verdugos, cuando dice: Padre Perdónalos porque nos saben lo que hacen. Nos dará ejemplo para vencer con la fuerza de la bondad toda sed de venganza o desquite; entendiendo en sí la fragilidad de la misma humanidad.
Él asume nuestra fragilidad, la abraza con todo su amor, porque sabe que es una humanidad salvable con su misericordia. Él, Al unir su divinidad con la fragilidad humana, nos está abriendo un camino que es posible transitar en gracia de Dios. La humanidad se reviste de gracia en la divinidad de Jesús que se nos comunica.
Ya no caminamos solos, en la fragilidad de nuestra humanidad, que nos inclina con fuerza a la tentación, podemos sentir, en la gracia, el auxilio divino que nos fortalece para conducir nuestra voluntad en un camino de mayor agrado a la voluntad de Dios Padre. Lo recuerda el mismo episodio del bautismo de nuestro Señor en el Jordán: Este es mi hijo amado en quien tengo todas mis complacencias. Y el mismo Jesús dirá: sin mi ustedes no podrán.
La humanidad encuentra salvación en Jesús; es una humanidad que ya no camina al desamparo del abismo de sucumbir ante su fragilidad desamparada, sino tiene un salvador que le da esperanza y luz. Jesús se acercará al que sufre en sus diferentes situaciones espirituales, morales, físicas. Viene a dar alivio y consuelo. Viene a ser refugio y salvación de quien se ve condenado y juzgado como la adultera o el buen ladrón. Nos invitará a parecernos a los niños; escuchará a los que se les quiere callar como el ciego Bartimeo.
Nos enseñará un camino de amor, en gestos permanentes de ternura humana y de alivio del corazón, para encender esa gran luz de esperanza.
De esta forma creará una nueva forma de convivir en comunidad, invitándonos a tratarnos como una familia, como hermanos.
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