"Donde no hay caridad hay desesperación. La caridad alimenta la esperanza"
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"Sólo Dios conoce nuestra verdad, nuestra historia y corazón"
El corazón es nuestra parte más íntima, lugar donde debe ser fecundo el amor, en una verdad que nos hace ser libres con una dicha que no tiene fin.
Este Niño que hoy es presentado en el templo nos viene a mostrar un camino que deberemos vivir en libertad plena, basada en la verdad y el amor.
Por eso, cuando este Niño Jesús empiece su vida pública, lo primero que nos pedirá es abrirnos a la conversión con un cambio de mente y corazón.
Se dice de Jesús en uno de los textos del evangelio: que Jesús no se fiaba de los que le ponían trampas como los escribas y fariseos porque conocía y sabía de sus intenciones y pensamientos.
En el corazón residen nuestras intenciones. Por eso, este Niño nos dirá, ya en su vida pública: que del corazón salen las intenciones malas: robos, mentiras, fornicaciones, adulterios; y eso es lo que hace daño a las personas y no los alimentos.
Una de las bienaventuranzas nos dice: dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.
A este Niño lo han adorado José y María, Los Pastores, Los Magos de Oriente y hoy Simeón y Ana que entran al Templo para tomarlo entre sus brazos y proclamar su fe movidos por el Espíritu Santo, saben que este Niño es el Mesías, así lo reconocen y dan testimonio.
Que este Niño deje al descubierto nuestros pensamientos del corazón nos debe llenar de mucha esperanza porque en Él encontraremos la fuente de la misericordia: venga a mí, los que están cansados por la carga y aprendan de mí que soy manso y humilde corazón.
Un corazón que es iluminado con la palabra de este Niño podrá mirar con claridad todos los pensamientos e intenciones que brotan en su interior para hacer un camino con sinceridad, como dirá la mujer samaritana: vengan a ver a aquel que me ha dicho la verdad; esto lo expresa en un estado de total libertad por el espíritu de vida que le ha sido comunicado de parte de Jesús.
La vida de la mujer samaritana, así como la de María Magdalena, de Pedro y Pablo serán a partir del encuentro de vida con Jesús una vida en libertad por la verdad del Maestro que los ha hecho libres.
Por eso la mejor manera de abrirnos a Jesús deberá ser en la sinceridad y con absoluta confianza porque el viene a liberarnos del diablo, del pecado, de la muerte, del miedo; el no viene a juzgarnos sino a salvarnos.
Analicemos cómo son nuestros juicios sobre los demás, muchas veces descartándolos de la gracia como si nosotros fuéramos la fuente de la verdad y de la vida que sólo le pertenecen a Dios, no nos equivoquemos, sólo Dios conoce nuestra verdad, nuestra historia y corazón.
No debemos tener miedo sino confianza a dejarnos conducir por su palabra y el espíritu de sus palabras que nos dan vida, iluminando siempre nuestro horizonte de fe y esperanza.
Donde hay un corazón limpio, ahí hay resplandor que nos permite ver a Dios y verlo en los hermanos.
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