"Donde no hay caridad hay desesperación. La caridad alimenta la esperanza"
Pero no se preocupan de las desgracias de sus hermanos
"Nos privaremos de lo que Dios tiene preparado para nosotros sino nos convertimos"
Estar bajo la conducción de Dios en el desierto, en una experiencia de libertad, guiados en su momento por Moisés y ahora por Jesús; el pueblo de Dios está invitando a hacer una experiencia de recibir, provechosamente, todas las gracias que Dios tiene dispuestas en esa tierra que mana leche y miel.
Dios nos invita a prepararnos para dar los buenos frutos y, estar en condiciones de recibir en buen estado la gracia de lo que él nos tiene preparados.
Estamos invitados a aprovechar lo bueno que Dios tiene dispuesto para comunicarnos. Pero si no hay conversión podemos estar seguro que echaremos a perder las cosas que recibamos, porque lo que está podrido y no se quiere cambiar, sólo echará a perder lo bueno que se reciba.
Así podemos ver ambientes de hogar, amistades, de iglesia, sociales, de trabajo que cuando no se hacen ambientes sanos sino que están podridos y no quieren cambiar, echan a perder a quien se deje contagiar por lo podrido.
Como dice la segunda lectura dela primera carta a los Corintios de este domingo tercero de cuaresma, la mayoría de los que caminaron por el desierto, ahí murieron porque no cambiaron sus malas acciones: codicias y murmuraciones.
Nos privaremos de lo que Dios tiene preparado para nosotros sino nos convertimos. La advertencia, que en el evangelio de Lucas y segunda lectura nos refieren, es que estamos muy expuestos a morir de forma sorpresiva en situaciones inesperadas como aquellos galileos que Pilatos mando matar o aquellos que murieron al derribarse la torre de Siloé.
La conversión nos garantiza estar siempre en las manos de Dios para seguir viviendo. Por eso hay que podar lo malo en nosotros para dar cabida a que fluya y emerja lo bueno.
Veamos hacia nuestro interior y veamos cuales son las cosas buenas que podemos hacer fluir y que Dios en su Voluntad quiere conducirnos a actuar, conformes a los dones que hemos recibido y que nos dan una identidad auténtica que nos permite entrar en comunión de participación, de ofrecer lo mejor de nosotros.
Cuando se quiere construir, edificar, reproducir: ¿Quién quiere aliarse con quien solo vendrá a estropear lo bueno? Quien no tiene voluntad para dejarse conducir en obediencia al Proyecto de Dios simplemente queda fuera. Atendamos pues las advertencias que Dios en la misma vida nos va dando y aprovechemos siempre la oportunidad para hacer nuevas y fecundas las cosas en Dios.
Ya nos recuerda Jesús: aléjense ustedes los que hacen el mal, no los conozco…aunque digan que comieron conmigo y me acompañaron en las plazas…(véase Lucas 13,25).
Será doloroso no entrar al espacio de vida que Dios nos tiene preparado sino nos preparamos con la adecuada conversión, que Dios nos invita a abrazar para ser partícipes de esa tierra espaciosa, donde hay lugar para todos y podamos saborear los frutos que se nos ofrecen.
Todos anhelamos siempre la bendición, pero no estamos preparados a la fecundidad de esa bendición porque o estamos sucios o podridos y seguramente lo bueno se podrá echar con lo podrido, o lo estéril, sino se corrige no permitirá la fecundidad.
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