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"Nuestra vida hay que alimentarla desde el Espíritu de Jesús"
Emprender el camino en Cristo no permite echar marcha atrás.
En este domingo 18º del tiempo ordinario la liturgia de la palabra nos invita a dirigir nuestra mirada en el proyecto de vida que Dios nos hace partícipes y, el cual lo acompaña alimentándonos, y también, en no dar marcha atrás una vez que hemos emprendido el camino para obedecer y seguir a Dios.
En la primera lectura del libro del éxodo, el pueblo de Israel murmura contra sus líderes porque las cosas no acontecen o no son como ellos quieren.
Cuando emprendemos el camino de la fe, tenemos que entender que estamos sujetos a los planes y pedagogía de Dios, quien nos va revelando su voluntad en la medida en que a él le agrada y dispone.
Por eso el discípulo de Dios debe ser un hombre de escucha y obediencia a la voz de Dios. En la medida que avanzamos en la fe, vamos conociendo los planes o voluntad divina.
El pueblo de Israel quiere volver a sus antiguas formas de vivir, murmura y se queja contra sus líderes Moisés y Aarón, desean sus antiguas formas de alimentar su vida aunque no fueran libres y estuvieran esclavizados.
El pueblo de Israel camina en un camino de libertad aun cuando van aprendiendo a crecer en la fe y confianza en Dios. Lo van conociendo y van conociendo sus planes.
Para seguir a Dios en el hombre nuevo, creado a imagen y semejanza de Dios, en santidad verdadera, se requiere la firmeza de no retroceder sino que con paciencia y entrega irnos configurando en Cristo, dejando la antigua forma de vivir.
Alimentarnos en Cristo significa vivir en la forma como él nos enseña y adoctrina. Él es el Hijo del Padre que se da a si mismo por nosotros para que tengamos vida en Él. Ya desde ahora vivimos en Cristo al alimentarnos de su Cuerpo y su sangre.
No hay que trabajar por el alimento que perece sino por el alimento que nos da vida eterna.
Vivir en Cristo como alimento de vida nos significa moldear nuestra forma de vivir conforme al parecer, palabra y enseñanza de Jesús.
El Padre eterno todo lo realiza conforme al plan de redención revelado y comunicado en su Hijo Jesucristo.
No podemos pretender llegar al cielo, a la presencia de Dios Padre en la ausencia de estar sujetos en Cristo.
Vivir en Cristo y alimentarnos de su Cuerpo y su Sangre nos significa conducir nuestra vida nueva en Él, conforme a sus ejemplos y enseñanzas.
Alimentarnos del Espíritu de Jesús a través de su Cuerpo, Sangre y su Palabra, porque Él es la palabra.
Nuestra vida hay que alimentarla desde el Espíritu de Jesús, que nos conduce en santidad verdadera.
Hay que dejar y abandonar las antiguas formas de vida que en realidad no nos da el espíritu de vida de Dios.
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