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La semana Santa es un tiempo de interiorización. Es fácil que surjan preguntas o reaparezcan las que uno lleva dentro desde tiempo atrás.
Un blog no parece el lugar apropiado para hacer preguntas. Pero no siempre tiene uno cerca alguna persona a la que pueda preguntar. Preguntar individualmente a algún teólogo puede hacerse de vez en cuando, si es amigo-a o conocido.
Estas preguntas están hechas con la mejor intención. Unas son recientes y otras vienen conmigo de lejos, sin que haya sabido darles todavía alguna respuesta o explicación.
Ahora la pregunta se me plantea en relación con Jesús. Sin mayores conocimientos teológicos, mi inclinación va en la línea afirmativa: que hay que aplicar también a Jesús la autonomía del mundo. ¿No sería una arbitrariedad que la aplicáramos a tantos sufrimientos humanos y no a Jesús? Por otro lado pienso: pero se trata de Jesús –el Hijo de Dios- y puede haber reflexiones y datos que desconozco.
Si se acepta la autonomía también para el caso de Jesús, dejarían de tener sentido muchas de nuestras exclamaciones, como cuando nos preguntamos: ¿Cómo pudo Dios permitir tantos y tales sufrimientos como padeció Jesús? Y mucho menos si decimos que Él se los impuso. Lo hizo pecado, etc. Ello no querría decir que no lloráramos por Jesús y que no le agradeciéramos su entrega absoluta y radical. Jesús seguiría siendo la luz del mundo y su salvador. Pero tengo la impresión de que cambiarían muchas cosas.
Resumiendo. ¿Se puede aplicar la autonomía del mundo a la vida de Jesús y a sus sufrimientos? Porque supongo que la autonomía del mundo se aplica no solo a la ciencia, sino también a los hechos sociales de todo tipo, a nuestras enfermedades, etc.
Si la respuesta es que Dios no pudo –no puede- querer eso, me resulta incomprensible que lo digamos un día y otro con toda tranquilidad a lo largo de toda la cuaresma, en todas las eucaristías. Y reconozco francamente que no me ayuda nada para orar, sino que me estorba.
En una plegaria eucarística muy alabada por estudiosos de liturgia, se pide a Dios Padre que reconozca en la ofrenda de su Iglesia “la Víctima por cuya inmolación quiso devolvernos su amistad”. Ante ese texto me hago las mismas preguntas. Para devolvernos su amistad ¿exige Dios la inmolación de Jesús? ¿No es como si volviéramos al sacrificio de Abraham y a los sacrificios humanos? Y en caso de que no estemos de acuerdo con esa afirmación, ¿cómo es que la soportamos días, meses y años? Los responsables de la Iglesia y los teólogos ¿no tienen nada que decir al respecto? O ¿existe la orden de no tocar este punto? Hace años hablé con un obispo sobre esto. Él zanjó la cuestión con la siguiente frase más o menos textual: ´Mire, son textos redactados con tanta precisión, que no se puede cambiar ni una sola palabra’. Me callé, pero el problema ha seguido dentro hasta hoy mismo.
Y añado una pregunta. ¿No estaría mejor traducir era inevitable (dada la situación del mundo), aunque no sea una traducción precisa? Me da la impresión de que la necesidad remite a Dios, mientras que la inevitabilidad remite a las causas sociales.
EXPIACIÓN
¿Qué vale que un hombre muera por otros, si no ha jugado con ellos antes la apuesta de la gran liberación? ¿Qué quiere decir la muerte, si es dar porque sí la vida, por un destino fatal, y no el fruto de una lucha? ¿Acaso a alguien se le ocurre dar su vida por parados, pensando que por su entrega tendrán trabajo y comida? O ¿es que Dios es un tirano, un resentido patrón, que exige contra la ofensa que muera el mejor hermano? ¡Oh Cristo, Cristo!, cosieron tus huesos a la madera, como crueles carpinteros, los poderes de la tierra. Y te clavaron más fuerte, en el papel y en las mentes, los interpretes del cielo. Te hicieron un superhombre. Y así te fosilizaron. Tú que nunca imaginaste tu vida como expiación, ¿por qué no quieres bajar nuevamente a nuestro mundo, para destapar su trampa y quitarles el retrato de robot, que te han sacado? ¿Por qué no bajas? Levántate, alza tu cabeza, quítate los hierros, y suelta amarras. Ven de nuevo a nuestra tierra, a tender puentes y rutas entre las islas cerradas y los montes orgullosos; a quebrar las torres altas y terraplenar sus fosos; ven a abrir las propiedades que cierran la puerta a Lázaro. Y te clavarán de nuevo. A ver si una vez por todas te interpretan rectamente. Porque si no, hasta el demonio va a parecer más humano que el Dios santo y verdadero.
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