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Apoteosis del Papa en la JMJ de Lisboa, ante más de un millón y medio de jóvenes de todo el mundo
Estaban agotados, exhaustos tras una semana de encuentros, risas, oración, dudas y certezas. Pero quisieron ofrecer un penúltimo esfuerzo, y saltar, bailar, rezar y gritar demostrando que ésta sí, y no la del 'Cara al sol' o el 'Que te vote Txapote', es "la juventud del Papa". Centenares de miles de jóvenes, más de un millón según la organización, se concentraron esta noche en el parque Tejo de Lisboa (el Campo de la Gracia) para participar, junto a Francisco, en una gran vigilia, el último gran acto antes de la misa de envío de mañana.
Francisco, "rejuvenecido", aunque también con muestras de fatiga, hizo de tripas corazón ante el entusiasmo de tantos jóvenes, que ofrecieron un nuevo espectáculo de luz, color y creatividad ante el cielo rasgado del atardecer lisboeta. "Joven, que estás aquí, cansado pero feliz: levántate y camina", fue el resumen de la intervención final del Pontífice. Esta no se la quisieron perder los 'Hakuna' (se les echó en falta en la fiesta de los españoles del día 31), ofreciendo un concierto junto a otros conjuntos musicales provenientes de todo el mundo.
No defraudaron los jóvenes, y tampoco lo hizo Bergoglio, quien después de los testimonios, danzas y experiencias, trazó un relato improvisado sobre el viaje, sobre un viaje en el que el creyente "toma la iniciativa" y lo hace "con prisa y con alegría", como hiciera María al ir a visitar a su prima Isabel.
Como María, el Papa reveló un secreto que los jóvenes ya sabían, aunque seguramente nadie les había dicho hasta ese instante: "Amigos, si estamos aquí es porque alguien nos ha llevado la cercanía de Dios, alguien ha llamado a nuestra puerta no para pedirnos algo, sino por la necesidad desbordante de compartir la alegría del Señor".
Nuestros mayores, nuestros ejemplos de vida, "quienes han hecho brillar en nuestras vidas el sol del amor de Dios. Todos tenemos personas que han sido rayos de luz: padres y abuelos, sacerdotes, religiosas, catequistas, animadores, maestros; son las raíces de nuestra alegría".
"No hay ningún curso para enseñarnos a caminar en la vida, eso se aprende... La vida se aprende". "Caminar con una meta, entrenarse, porque en la vida nada es gratis. Solo hay una cosa gratis, el amor de Jesús", improvisó el Papa, dejando de lado un intenso discurso que llevaba preparado y que apenas leyó.
"¿Les gusta el fútbol? A mí me gusta muhcho. ¿Saben que hay detrás de un gol? Mucho entrenamiento. En la vida se aprende caminando y si uno se cae, se levanta. Hay que entrenarse todos los días en la vida porque nada es gratis. Solo hay una cosa gratis: el amor de Jesús”, concluyó el Pontífice, recalcando que "la única situación en que es lícito mirar a una pesonas de arriba abajo es para ayudar a levantarlo".
"No nos aislemos, procuremos unos a otros, juntos, hacer la experiencia de Dios, caminar en grupo, sin cansarnos y ayudar a los demás a levantarnos", culminó el Papa, antes de que prosiguiera la fiesta.
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