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Cuando hacemos el bien, como seguidores del Evangelio
Estas son las palabras del actor catalán, Daniel Rived, después de su experiencia cinematográfica con el director Pedro Almodóvar, en el western “Extraña forma de vida” (Regió 7, 26 de mayo de 2023).
El joven actor, nacido en la localidad de Santpedor en 1995, que interpreta al ayudante del sheriff en esta producción, se mostraba radiante por la oportunidad (y el papel) que el director manchego le ofrecio. Y comprendo su expresión y su alegría, cuando dice que “trabajar con Almodóvar ha sido un poco como tocar el cielo”.
Me imagino que los que han sido elegidos alcaldes después de las elecciones del domingo 28 de mayo y diputados y senadores en las elecciones del 23 de julio, (con los complicados y difíciles pactos entre las formaciones políticas), también tendrán la misma sensación que tiene el actor Daniel Rived. Y es que después de una difícil y reñida campaña electoral, obtener la alcaldía de una localidad o llegar a presidente del gobierno de España, ha de ser “un poco como tocar el cielo”.
Con todo, para nosotros, los que queremos ser discípulos de Jesús de Nazaret, “tocar el cielo” tiene unas connotaciones muy diferentes de las que expresa Daniel Rived.
Me imagino que para sor Lucía Caram, construir un hospital de campaña en Ucrania y ayudar a la gente que pasa hambre en Manresa, así como proporcionar una viviendo digna a aquellos que viven en la calle, ha de ser para ella “un poco como tocar el cielo”.
Y cuando las Hermanas Oblatas ayudan a las mujeres a salir de la prostitución y les ofrecen una nueva vida, eso ha de ser para ellas “un poco como tocar el cielo”.
Y cuando las benedictinas de Sant Daniel y de Alba de Tormes, de Oviedo, de la Fuensanta y de Santiago y las cistercienses de Carrizo y de Benaguasil, de Vico y de Tulebras, (aunque, en la actualidad no sean tan numerosas como hace unos años), cuando continúan siendo testigos de esperanza, de comunión y de fraternidad, eso es también para ellas “un poco como tocar el cielo” para ellas.
O los médicos y las enfermeras de los hospitales y de los centros de atención primaria, cuando atienden a los enfermos más graves (sobre todo a los niños) y ven como mejoran, eso ha de ser para ellos “un poco como tocar el cielo”.
Y todavía, los padres y los maestros que educan en valores a sus hijos y a sus alumnos ayudándolos a crecer en humanidad, solidaridad y madurez en ver que se hacen adultos responsables, eso ha de ser para ellos “un poco como tocar el cielo”.
O los periodistas de Religión Digital, que no se dejan manipular ni comprar, que apuestan por la honestidad en la información y que, (como les pide el papa) están al servicio de la verdad, eso, también ha de ser para ellos, “un poco como tocar el cielo”.
Igualmente los sacerdotes y religiosas que siempre tienen sus casas y sus corazones abiertos para acoger y animar a los que tienen problemas, cuando ven cómo se rehacen esas personas, eso para ellos ha de ser “un poco como tocar el cielo”.
O cuando los monjes y las monjas, en los monasterios, sabemos acoger con solicitud y escucha atenta a los huéspedes y a los peregrinos e intentamos sanar las heridas que llevan en el corazón tantos hermanos nuestros, eso también es “un poco como tocar el cielo”.
Y cuando los voluntarios de Cáritas, de los Bancos de Alimentos o de la Cruz Roja acogen, acompañan y rescatan a aquellos que viven sumergidos en la pobreza, y ven como se esfuerzan en salir de ella, eso también es “un poco como tocar el cielo” para ellos.
Y cuando, mientras algunos gobiernos autónomos están privatizando la sanidad y la ciudadanía, los médicos y las enfermeras luchan por una atención universal que atienda a todo el mundo, éstos hacen que sus protestas sean para ellos “un poco como tocar el cielo”.
Y todavía, los que luchan por la justicia social y desenmascaran las mentiras de los que culpabilizan de todos los males a los inmigrantes, cuando ven el comportamiento ejemplar de estas personas, eso ha de ser para ellos “como tocar el cielo”.
Y cuando se pone en evidencia las argucias, falsas y demagógicas, de los partidos que persiguen a los inmigrantes y que, ahora en el País Valenciano están persiguiendo la lengua y la cultura de los valencianos (censurando y prohibiendo revistas en valenciano) y continuamos luchando por un mundo más solidario y más humano, eso ya es para nosotros, como “tocar el cielo”.
Y es que cuando mostramos la bondad del corazón y la belleza de la fraternidad, de la libertad, de la cultura y de la solidaridad, eso es “un poco como tocar el cielo”. Por eso los cristianos no necesitamos que nos llame el Sr. Almodóvar para ser felices, para, de alguna manera, “tocar el cielo”. Porque cuando hacemos el bien, eso ya es, como discípulos de Jesús, “como tocar el cielo"
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