In memoriam de un hombre bueno y sencillo
El abad Sebastià Bardolet, el administrador bueno y fiel de que nos habla Jesús en el Evangelio
La película y la novela nos recuerda las ciudades mártires ucraniana
Este es el título de la novela que escribió el australiano Morris West. La historia narrada por West, tiene por protagonista a Cirilo Pavlovich, el arzobispo greco-católico de Lviv, que esta novela describe como un hombre que estuvo encarcelado por el régimen soviético y que fue condenado a trabajos forzados en Siberia. La novela nos presenta al arzobispo Cirilo, que una vez liberado fue a Roma, donde el papa lo creó cardenal. A la muerte del papa, el cardenal Cirilo Pavlovich fue elegido obispo de Roma, adoptando el nombre de Cirilo I.
Para el personaje central de su novela, Morris West se inspiró en la vida del cardenal Josyf Slipy, arzobispo ucraniano, nacido en 1892. El cardenal Slipy, prisionero del régimen soviético, fue condenado a trabajos forzados en un gulag de Siberia, después que la ciudad de Lviv fuese invadida por el Ejército Rojo, de la misma manera como ahora, Lviv (y otras ciudades ucranianas), ha sido invadida por las tropas de Putin. El cardenal Slipy fue liberado el 23 de enero de 1963, debido a las gestiones que hizo el papa Juan XXIII y el presidente de los EEUU John F. Kennedy y murió en Roma el 7 de septiembre de 1984.
Y fue en 1968, cuando el director londinense Michael Anderson, llevó a la pantalla esta novela, con Anthony Quinn como protagonista de la película, un film que también tituló (como la novela), “Las sandalias del pescador”, con actores, además de Quinn, como Laurence Olivier y Vittorio De Sica.
La película de Anderson nos presenta como personaje principal, (como también lo hace la novela), al arzobispo greco-católico, Cirilo Lakota, interpretado por Anthony Quinn. Después de pasar veinte años como prisionero político en un campo de trabajos forzados en Siberia, el arzobispo fue liberado, inesperadamente, por el primer ministro de la Unión Soviética, que había sido el carcelero de Cirilo. Una vez en libertad, el arzobispo Cirilo se instaló en el Vaticano, donde fue creado cardenal por el papa, ya gravemente enfermo. En la película, después que Cirilo llegara a Roma, el papa murió, y los cardenales, reunidos en cónclave, eligieron al cardenal Cirilo nuevo obispo de Roma, en un momento de grave crisis entre la China y la URSS, con la guerra fría y con una amenaza nuclear bien real.
Esta película tiene como telón de fondo el régimen inhumano y represor de la Unión Soviética (como está pasando ahora mismo con Putin), que invade y encarcela a los disidentes. Y es que Lviv, la sexta ciudad más poblada de Ucrania, fundada sobre el 1250, en el siglo XX fue invadida primero por los rusos, en 1939, más tarde por los nazis, en 1941 y de nuevo, en 1944, por los rusos.
El papel de mediador del papa Cirilo Lakota en la película, trabajando por la paz, la distensión y el diálogo, nos pone delante las gestiones que está realizando el papa Francisco (de una manera discreta y con la diplomacia del Vaticano a toda máquina), para acabar con la agresión que Rusia está perpetrando contra Ucrania. Y es que además de visitar la embajada rusa en Roma, para pedir el cese de la invasión de Ucrania, el miércoles 16, el papa Francisco habló en videoconferencia con el patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa, Cirilo, para mirar de parar esta guerra (Religión Digital, 17 de marzo de 2022). Ojalá el patriarca Cirilo haga reflexionar a Putin, para que se dé cuenta de lo absurda i cruel que es esta guerra, que está provocando tantas muertes y tanto dolor en el pueblo ucraniano y también en los soldados rusos que Putin envía a la muerte.
La película (y la novela) “Las sandalias del pescador”, nos recuerda las ciudades mártires ucranianas, como Lviv, Khàrkiv, Kherson, Mariúpol, Odessa o Kiiv y la gente que es perseguida y encarcelada, antes por la Unión Soviética y ahora por Rusia, simplemente por su disidencia y por defender la libertad de expresión y la fe en Cristo, como le pasó al cardenal Josyf Slipy, condenado por la URSS a trabajos forzados en un gulag de Siberia.
Ojalá finalice bien pronto la cruel invasión que las tropas rusas están perpetrando en Ucrania y se acabe esta guerra inhumana, que, de no ser por las ansias imperialistas de Putin, nunca habría empezado.
También te puede interesar
In memoriam de un hombre bueno y sencillo
El abad Sebastià Bardolet, el administrador bueno y fiel de que nos habla Jesús en el Evangelio
"Entre esconder la verdad y darla a conocer, no hay código deontológico que valga"
El código deontológico de À Punt y las víctimas de la Dana
"Lamentablemente, algunos sectores de la Iglesia española no disimulan nada sus simpatías por estos grupos"
La Iglesia alemana "barre" a los neonazis de los lugares diocesanos
Después de tantas versiones de lo que hizo el 29 de octubre, Mazón debería decir la verdad
"Que se clarifiquen absolutamente los hechos que acontecieron aquel día"
Lo último
La inteligencia del corazón
El corazón que humaniza
Humanizar frente al sufrimiento extremo
Vergüenza universal: eutanasia
Cada duelo es único
El duelo es indomable
La fuerza humanizadora de la ternura
El corazón en las manos, como ternura