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Se cumple el centenario de sus primeros votos en Montserrat
Hoy 15 de agosto recordamos con cariño al P. Adalbert Franquesa en el centenario de sus primeros votos de monje de Montserrat. El P. Adalbert, como era conocido coloquialmente por la comunidad, había recibido el hábito de novicio un año antes, el 27 de julio de 1924. El joven Franquesa había ingresado en el colegio de postulantes del monasterio de Montserrat, mientras esperaba tener la edad canónica para poder comenzar el noviciado.
Estanislau Franquesa i Garròs (su nombre civil), que era el más pequeño de seis hermanos, nació en la localidad de Moià el 18 de diciembre de 1908. Tuvo dos hermanos escolapios y posteriormente, un sobrino, monje de Montserrat, el querido y recordado hermano Carles Solà, una sobrina religiosa Vedruna, la hermana Núria Solà y otra sobrina, benedictina, la hermana Mª Teresa Solà, monja del monasterio de Sant Pere de les Puel·les, en Barcelona.
En su fecunda y larga vida, el P. Adalbert, que fue ordenado presbítero en 1932, tuvo dos pasiones, además de su amor a Montserrat y a la su vocación: la liturgia y el ecumenismo.
El P. Adalbert fue enviado al monasterio de Beuron a ampliar su formación, y en retornar a Montserrat el 1933, fue nombrado prefecto de los postulantes. Además, se dedicó a la publicación de “El missal del poble” (con una traducción castellana), que se imprimió en la imprenta del monasterio, hasta el 1936. Cabe remarcar que los excelentes comentarios de las misas eran del P. Adalbert.
Al inicio de la guerra civil, el P. Adalbert, juntamente con el P. Escarré y el abat Marcet, fueron los primeros monjes de Montserrat que salieron del monasterio, para irse al extranjero y de esta manera llegaron a Roma.
Posteriormente el P. Adalbert fue enviado a la abadía renana de Maria Laach, para completar su formación litúrgica. Cuando pudo volver a la península, comenzó a dar clases de liturgia en el Seminario de Gasteiz, donde, como decía el P. Alexandre Olivar, “la materia no eran las rúbricas, ni la práctica general del culto divino, sino el misterio de Cristo “hasta que Él vuelva””.
Una vez terminada la contienda y durante muchos años, en Montserrat, el P. Adalbert impartió, durante los veranos, cursos sobre liturgia, destinados a formar a sacerdotes y a seminaristas. Tanto unos como otros, quedaban admirados de la manera de enseñar la liturgia que hacía el P. Adalbert.
El P. Franquesa fue nombrado prefecto de los hermanos legos, consejero del abad, sacristán mayor y primer maestro de ceremonias del monasterio. De su etapa como sacristán, impulsó el proyecto de construir un nuevo trono para la imagen de la Moreneta, que culminó en las fiestas de la entronización de la Virgen de Montserrat, el 27 de abril de 1947.
El P. Adalbert, que durante el Concilio formó parte del equipo internacional que trabajó en la renovación de la liturgia, fue elegido representante del episcopado español, para asesorar a los obispos sobre este tema. Durante el Concilio Vaticano II ayudó a preparar la Constitución “Sacrosanctum concilium”, que fue como una coronación del trabajo de los liturgistas. El P. Adalbert Franquesa, que comprendía el valor de la celebración comuna de la Eucaristía, apostó decididamente por la concelebración, de tal manera que se convirtió en un apóstol de ella.
Fue en el monasterio de Mont-César, en Lovaina, que el P. Franquesahizo una conferencia, al lado de otra que hizo el teólogo Karl Rahner, sobre la concelebración.
Después del Vaticano II, el P. Franquesa ocupó un lugar destacado en el Consilium ad Exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, formado el 1964 y presidido por el cardenal Lercaro, arzobispo de Bolonia.
El P. Franquesa publicó diversos trabajos, algunos de carácter histórico, que revelan los diversos temas de estudio que tuvo este monje montserratino, comenzando por la antigua liturgia hispánica. Todo esto hizo que el P. Adalbert fuese elegido miembro de la Sociedad Catalana de Estudios Litúrgicos, filial del Institut d’Estudis Catalans.
Años más tarde el P. Franquesa fue el primer superior de la pequeña comunidad montserratina que se instaló en el Instituto Ecuménico de Tantur, en Terra Santa. Y es que el papa Pablo VI pensó en los monjes de Montserrat, para que en el Instituto Ecuménico de Tantur hubiese una presencia monástica. Fue el papa Montini quien recibió en audiencia a los monjes que irían a Tantur, acompañados por el abad Cassià Just y el abad Gabriel Brasó. Los monjes destinados a Tantur recibieron del papa Pablo VI el cáliz para la celebración de la Eucaristía en Tantur. Este centro reunía teólogos de diversas confesiones cristianas y el papa Montini quería de los monjes de Montserrat que asegurasen un ambiente de oración en el Instituto.
El P. Adalbert, que murió en Montserrat el 6 de octubre de 2005, fue un monje fiel a la oración y un trabajador incansable por la unidad de los cristianos y por eso mismo fue reconocido internacionalmente por sus estudios en la liturgia y en el ecumenismo.
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