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Estimadas y estimados, la madurez personal exige el dominio de los instintos, su integración en la libertad. La sexualidad es una realidad compleja, presente en toda nuestra vida. Si uno desea que su vida humana y cristiana tenga éxito, es necesario que la sexualidad madure al mismo tiempo con ella. Por todo esto, se hace urgente para todos, la educación sexual.
Decimos educación: no basta con la información o con la instrucción. La persona educada sexualmente tiene dominio de su instinto. La educación sexual de una persona es una historia que dura toda la vida, y empieza ya antes de nacer. Nadie es nunca lo suficientemente maduro humanamente, nadie ha integrado del todo su sexualidad en un comportamiento totalmente limpio y libre. Es un trabajo, un esfuerzo de toda la vida.
Podemos insistir en tres aspectos:
- La madurez sexual se da en la persona que tiene madurez afectiva, la capacidad de dominar los propios impulsos y tensiones. En la relación con otras personas, implica no buscar el propio beneficio, ni querer dominar o imponerse al otro. Rehuye de cualquier tipo de sentimentalismos «pegajosos», de maneras de actuar llenas de desconfianza y celos. El hombre maduro afectivamente es la persona capaz de hacer verdaderas amistades. La ausencia de deseo sexual en las relaciones con nuestras amistades es señal de madurez humana y de madurez sexual. Hay que integrar el instinto en el pensamiento y deseo libres. Resulta muy sospechosa la teoría según la cual todo amor entre personas de distinto sexo llevaría a experiencias sexuales. Las personas maduras saben qué lugar tiene el sexo en el noviazgo, en el matrimonio, en las verdaderas amistades.
- La madurez sexual requiere también madurez en la libertad. Ser capaz de tomar decisiones, de aceptar y pedir consejo, saber medir las consecuencias de las propias acciones y hacerse responsable de ellas. Es libre quien piensa únicamente en entregarse. El hombre verdaderamente libre habrá descubierto que la sexualidad debe vivirse como una palabra de amor; que la libido debe ser humanizada, que es necesario desterrar del sexo toda mentira y engaño, purificándolo constantemente de los comportamientos agresivos y falsos que pueden degradarlo. Entonces uno sabrá distinguir entre estos tres momentos de amar a una persona del otro sexo: la que se expresa con la admiración, el respeto y la alegría de ver que el otro es digno de ser amado; el noviazgo como tiempo de preparación para la entrega total en el matrimonio y como prueba de la verdad del amor mutuo; el matrimonio como compromiso de una entrega total, exclusiva y para siempre de la propia persona al cónyuge.
- Finalmente, la madurez sexual requiere conocimientos e ideas claras, capacidad de discernimiento y de juicio. Al pan, pan; y al vino, vino. Hay que poseer criterios bien definidos y ciertos para distinguir lo que es bueno de lo que es malo, lo que es verdadero de lo que es falso. Conviene tener una recta escala de valores.
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