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12 de febrero: Campaña contra el Hambre de Manos Unidas
Estimadas y estimados. Un año más hemos llegado al día de Manos Unidas, la entidad de la Iglesia católica que, a través de sus proyectos, procura paliar la pobreza, el hambre y la desigualdad en todo el mundo. Aparte de los proyectos concretos, objeto de la colecta, deberíamos concienciarnos de que no basta con procurar reducir la pobreza y el hambre, sino que es necesario un cambio de mentalidad que empieza por las propias actitudes personales, apostando decididamente por la eliminación de las injusticias que atentan contra la vida digna de millones de personas. Me gustaría expresarlo con tres ideas tomadas del Magisterio del papa Francisco.
Primera idea: «El sistema económico actual mata.» Lo afirma en la carta Evangelii gaudium (2013), interpretada como la guía de su papado. Dice: «Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. […]. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas» (n. 53).
Segunda idea: «El actual sistema mundial es insostenible.» Lo afirma en la carta encíclica Laudato si’ (2015): «Basta con mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa de todos […]. Existen síntomas de un punto de ruptura debido a la gran velocidad de los cambios y de la degradación, que se manifiestan tanto en catástrofes naturales regionales como en crisis sociales o incluso financieras, dado que los problemas del mundo no pueden analizarse ni explicarse de forma aislada. Hay regiones que ya están especialmente en riesgo y, más allá de cualquier predicción catastrófica, lo cierto es que el actual sistema mundial es insostenible» (n. 61).
Tercera idea: «Nos hemos hecho insensibles al derroche.» Extraído de la carta encíclica Fratelli tutti (2020), cuando afirma: «Nos hemos hecho insensibles a cualquier forma de derroche, empezando por el de los alimentos, que es uno de los más vergonzosos. […] En el mundo de hoy persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico fundamentado en las ganancias, que no duda en explotar, rechazar e incluso matar al ser humano» (n.18.22).
El desarrollo será inclusivo o no será. No vale un mundo dividido entre los del centro y los de la periferia, los integrados y los excluidos, las personas dignas necesarias y las sobrantes rechazadas. Es necesario buscar un modelo económico que respete los derechos de todas las personas para reducir las desigualdades y superar el asistencialismo, así como una gestión pública que fortalezca a los más vulnerables. Así es como la lucha contra el hambre y la pobreza podrá ser efectiva y, junto a otros, los cristianos podremos empujar hacia un mundo más justo, inclusivo, sostenible y en paz.
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