No me tomen muy en serio
No me tomen muy en serio. Ni siquiera cuando, como hoy, hago una especie de elogio de la risa. En la España crispada ante las inminentes segundas elecciones, se cruzan toda clase de venablos de pasión, ambición, sinrazón y odio. Reír, cuando se renuncia a llorar, puede ser una buena terapia. Y no sólo en circunstancias excepcionales de la patria, sino en las numerosas trampas que nos pone la vida.