Como niños
Si no os hiciereis como niños… Yo no voy a entrar en teologías. Ni falta que hace. Pero a mí, como a cualquiera, me siguen sorprendiendo los niños. Y me recuerdan la belleza del reino… de la vida.
Te cruzas con una madre y un niño desconocidos. La madre, como es muy natural, no te dirige la palabra. Ni tú a ella. Pero a veces el niño desconocido, como es bastante natural, te mira de arriba abajo, te dice “hola” y te sonríe… Uno le contesta y le sonríe también. Y, a lo mejor, si uno no es un poco ogro, le añade alguna palabra cariñosa de regalo. Por ahí van los tiros y las luces del siguiente microrrelato.