Qué belén...
Cualquier amante del lenguaje sabe que una de las acepciones de “belén” es “confusión y desorden”. ¡Vaya con la situación de los tiempos que corren! ¡Qué belén económico, social, moral, humano en suma!
Y el caso es que todo el mundo se dispone a celebrar a su manera la Navidad, el nacimiento de Jesús. Pero ¿ha nacido o no ha nacido? Aunque nuestro pesimismo, nuestro realismo más bien, pueda hacernos creer que sólo ha sido un espejismo maravilloso, ha nacido. Eso sí, hoy y siempre hay demasiadas puertas cerradas a su indeclinable voluntad de presencia en este mundo.
La humanidad, en toda su historia, no ha montado jamás el Belén perfecto. Vivimos hoy, por ejemplo, tiempo de desalojos y desahucios (“porque no había sitio para ellos en la posada”). Tiempos de rapacidad o indiferencia frente a los pobres del tercero y del cuarto mundo.
¿Ha nacido el Príncipe dela paz, el hacedor de la Justicia? Por supuesto. Pero nosotros seguimos armando y representado año tras año otro “belén”, la caricatura de su Nacimiento. ¿Se cansará del juego y de la trampa? Sólo el amor y la paciencia le llevarán a no “volverse por donde vino”.
Pero este Príncipe de la Paz y de la salvación anunciada no viene de turismo. Y busca colaboradores para empujar el vuelo y ponerle alas a la Justicia.