Versos para la Ascensión del Señor
No es seguramente el mejor poema de mi libro “Este debido llanto”, que escribí de un tirón y en un estado de éxtasis, o de sosegada furia, en los dos meses siguientes a la muerte de mi madre. Son versos escritos algo después, en la primera fiesta de la Ascensión, ligeramente alejada ya de la conmoción en que nacieron la mayoría de los poemas. De ahí quizá alguna leve concesión al oficio y hasta un tono de menor intensidad. Pero supongo que puede ir bien en la fiesta que la Iglesia celebra estos días. Supongo también que, cuando muchos creyentes ven al Señor ascender a los cielos, no pueden menos de recordar en la fe y la esperanza a algún ser querido, “la mitad de mi alma”, que acaban de perder.