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OTRAS VÍCTIMAS Y OTROS SÍMBOLOS II

“SÍMBOLOS”. En consonancia con la santa –por creadora de entendimiento y de convivencia entre los humanos- RAE, a la palabra “símbolo” la define la “representación –figura retórica o forma artística-, sensorialmente perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con esta convención socialmente aceptada”. Y, como es obvio, unos símbolos son buenos y otros, no tanto. Y unos son más elocuentes y certeros que otros. Aunque todos –o la mayoría-, prediquen y hasta convenzan al personal de manera más explícita y clara, hay símbolos cuyo análisis y comprensión resultan difíciles e ininteligibles para muchos.

Pero, de una manera o de otra, y en conformidad con las capacidades pedagógicas de las que se dispone, gracias a los símbolos es posible vivir, y convivir como personas, y hacerlo “en paz y en gracia de Dios”. Esto quiere decir que, en el ámbito de lo religioso, los símbolos se hacen presentes, diríase que habitualmente. Es, o nos lo tornan, tan arcano, reservado o secreto cuanto se relaciona con la Iglesia y con la religión católica, que el listado de los símbolos, está, rebosante y completo.

Y exactamente acerca de algunos símbolos de carácter religioso “profanados” en los últimos tiempos, con reconocido mal gusto, nula imaginación y cierta porción de intenciones aviesas, acaba de hacer pública en su Carta Pastoral un obispo español la condena, a modo de filípica y reprimenda anatematizadora, defenestrando de la Iglesia y de la ciudadanía al autor o autores de la tan facilona y soez interpretación de alguno de los símbolos eclesiásticos. Aunque sin tanta y tan clamorosa “ira divina”, subscribo personalmente la diatriba del obispo palmesiano, a la vez que me permito completar su reflexión, con la reseña de que también dentro de la propia Iglesia son muchos los símbolos, litúrgicos o para-litúrgicos, merecedores de idénticas o similares condenaciones, por lo que su reforma merece presionarse y precipitarse lo antes posible, en evitación de escándalos y, a la vez, como gesto de cultura y adoración y respeto hacia lo sagrado.

En tan soberano y santo contexto, y por poner un ejemplo, rancio y contradictorio, sitúo el hecho “pontifical” de la “mitra”, que con sus respectivas y ensoberbecidas filacterias –adornos-, califica y distingue a los obispos, y más en sus solemnes –solemnísimas- actuaciones y celebraciones litúrgicas y para-litúrgicas, en el ejercicio de su función episcopal, con el inminente riesgo de desacralizarlas. Un símbolo tan pagano como este, arrancado de la liturgia de Mitreo, dios de los persas, que decoraba y cubría las cabezas de los Sumos Sacerdotes y de los Generalísimos de los ejércitos de sus emperadores de nombre Darío, y sus correspondientes números cardinales, jamás podría haberse cristianizado y seguir considerado como “ornamente sagrado”.

“¡Fuera mitras episcopales¡”, debiera ser ya una especie de jaculatoria a la que indulgenciaran los propios obispos, de tener conocimiento cabal de su procedencia y origen y de la elegancia y buen gusto. Con mitras, es decir, con el símbolo de los Generalísimos, no es posible evangelizar, predicar, practicar y ejercer en la vida como hombre de paz. Siendo factible y explicable que el obispo condenador de símbolos en contra de la religión cristiana, resultaría incongruente, incoherente e ilógico que, en el teatrillo eclesiástico, perduraran aún estos aditamentos, de los que el mismo pueblo cristiano tiene a gala revestirse preferentemente en las fiestas paganas de los carnavales.

Algo similar hay que referir sobre los báculos, o bastones pastorales, que en IKEA se adquieren con toda dignidad, de madera, y como Dios manda, por siete u ocho euros, y que en el mercado de las vanidades episcopales, enjoyados, hay que invertir notables cantidades de dinero, aunque estas procedan de la “admiración y cariño” de los sacerdotes de la diócesis de la que procedía el “episcopable”, o de los pastoreados futuros…Por curiosidad, una pregunta eclesial inocentemente “indiscreta”, ¿Cuál es el destino final de estos y otros báculos, cuando se jubila quien había sido el portador de los mismos?

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