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Reflexión de José Carlos Bermejo sobre la virtud olvidada de la paciencia como clave para la verdadera humanización.
En la era de la digitalización, del teclado la velocidad, hablar de paciencia parece algo anacrónico. Lo queremos rápido, inmediato y eficaz. Si es eficiente, mejor que mejor.
Sin embargo, la paciencia, aunque tenga mala prensa, previene la compulsión, permite el razonamiento, la ponderación, el conocimiento de las reacciones y el análisis de la previsión de impacto.
La tentación de la agilidad en los procesos, también en las organizaciones, en un mundo que va deprisa, es grande. Más aún con la IA a nuestro alcance y sus inmensos posibles inimaginables.
Tener paciencia no es fácil, pero es lo propio del sabio, del dinamismo de la esperanza. No se tratará de una paciencia semejante a la pasividad inoperativa, sino la paciencia del “dar a luz”, la que permite aprender del error, darse cuenta de más cosas, con mirada de jirafa, la que sabe de goteo y de madurez.
Así veo yo la humanización: resultado no solo de acciones embellecedoras porque ágiles, que intervienen en un aspecto del mundo de la salud, sino la sabiduría de quien se compromete con las claves de fondo, las estrategias que realmente contribuyen a construir un mundo más humano, con paciencia y sabiduría.
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