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José Carlos Bermejo sobre la belleza como dimensión del liderazgo.
Sí, estético: liderazgo estético. La belleza, la elegancia en formas y maneras, en palabras y silencios, en presencias y ausencias, en moderaciones y procesos, en espacios y lugares, son también un gran valor que pueden definir un liderazgo humanizado.
El liderazgo no es el despliegue y brillo del poder de quien ejerce un gobierno sobre una organización, grande o pequeña. Es más la capacidad de mantener la armonía y equilibrio, con ejemplo de prudencia, confianza y actitud de servicio que no solo empodera (demasiada moda a la palabra) o delega (espacio para juegos de poder). El liderazgo estético es el que hace brillar los valores humanos y tira adelante en el respeto de la dignidad de los más frágiles.
La humanización pasa también por esa belleza cuya luz puede encontrarse incluso en la debilidad, en la enfermedad, en el cuidado entrañable y tierno, además de profesional.
Verum, bonum, pulchrum, trascendentales atractivos que construyen un mundo atractivo, se honran en todos los ángulos de las relaciones si se quiere humanizar.
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