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Reflexión de José Carlos Bermejo sobre cómo la empatía también puede manipular, saturar o herir.
Para algunos es impensable que la empatía pueda tener connotaciones negativas. Es siempre positiva: comprender para transmitir comprensión, mirar desde el punto de vista del otro, captar bien sus sentimientos y significados y poder mostrárselo en las relaciones de ayuda.
Sin embargo, cada vez son más las voces que nos hablan de la empatía instrumental, la empatía mala, la que es utilizada para hacer daño, para manipular. La persona que hace este uso de la empatía capta los sentimientos, tiene activado el “sistema espejo” de las neuronas, captan el mundo de significados, pero lo aprovechan, porque no les importa el sufrir del otro.
La motivación de quien usa la empatía de modo feo, es beneficiarse. Los modos de abusar son diferentes: desde el control, la manipulación, la suplantación de la identidad, el abuso de poder, e incluso sexual, sin conciencia de remordimiento. Estas personas pueden presentarse tan encantadores como sibilinos; aparentan nobles porque captan la interioridad, pero no hay una conexión profunda y comprometida. En suma, la empatía, sin ética que module, puede hacer daño. Apelar a los valores, o dicho de otro modo, a la compasión, es el camino para que la empatía muestre su cara positiva.
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