La inteligencia del corazón
El corazón que humaniza
Hemos empezado a hablar de “ciudades de los cuidados”, subrayando la importancia de cuidar el espacio público y la vida en común, administrar con cuidado, ser sensibles a la vida cotidiana (malestares y bienestares), incorporar y reconocer los cuidados en el sistema productivo. Se busca así la creación y transformación de las ciudades para que sean sostenibles, estén bien peatonalizadas, gestionen bien las energías, los encuentros… y tengan una hospitalidad compasiva para con todos los ciudadanos, con sus eventuales discapacidades.
Tenemos pendiente hacer la “revolución de los cuidados”. Especialmente cuando los cuidados se hacen más difíciles y costosos, como son los de larga duración, debido al aumento de la esperanza de vida y al mayor tiempo en que convivimos con enfermedades degenerativas, crónicas, que limitan y reclaman el cuidado del otro.
Cuidar no es menos que curar, aunque realmente no está precisamente bien pagado. Pagamos más cuando se producen procesos de curación que cuando se sostiene la vida gracias a los cuidados. Es un poco el eco de la fascinación por la tecnología, viejo eco de la sabiduría cristalizada en el mito de Prometeo, como si se tratara de robar a los dioses la capacidad de influir sobre la naturaleza, transformándola. Eh ahí uno de los capítulos más interesantes de reflexión sobre el significado de la humanización en un mundo de gran desarrollo tecnológico.
También te puede interesar
La inteligencia del corazón
El corazón que humaniza
Humanizar frente al sufrimiento extremo
Vergüenza universal: eutanasia
Cada duelo es único
El duelo es indomable
La fuerza humanizadora de la ternura
El corazón en las manos, como ternura
Lo último
Morir humanamente, morir acompañado
Morir con dignidad
Sanar, acompañar, humanizar
Medicina y cuidado
Empatía con distancia: proteger al ayudante
La “justa distancia” de Ricoeur
La belleza que humaniza el cuidado
La estética del cuidado