Los muertos de Jalogüin
Halloween, difuntos, resurrección, Día de todos los santos
La ignorancia es muy atrevida
Breve reflexión, en forma de artículo, acerca de las raíces de la noche del 31 de octubre, para el diálogo con nuestra sociedad, por mi amigo y compañero del centro teológico José Manuel Llamas, Dr. en Patrología.
Está de moda Jalogüin (adaptación española de Halloween, si se quiere ser fiel al original), y está también de moda oponerse frontalmente a Jalogüin en determinados ambientes sociales y/o eclesiales. Dejémoslo claro desde el principio: lo difícil, en cualquiera de las dos opciones, es que se sepa realmente lo que se está haciendo. Porque, particularmente en el segundo caso, me temo, se nos va la cabeza tratando de buscar razones contrarias a esta “noche de los difuntos” secularizada que ha invadido nuestros otrora fértiles suelos de cristiandad, que se llenan actualmente de chavales y no tan chavales disfrazados de bruja, Frankenstein, Drácula, máscara de Scream, Cazafantasmas o Eleven pidiendo chocolates y caramelos.
¿Qué? ¿Que a un cura le parece mal la crítica a Jalogüin? ¡Dónde vamos a llegar!
Pues depende, la verdad. Porque escuchar, incluso por parte de personajes eclesiásticos supuestamente doctísimos, que Jalogüin es la fiesta del culto a la Muerte, con mayúsculas, o que en las raíces de este horripilantemente herético carnaval macabro están las malvadas religiones celtas o incas anteriores al cristianismo que se dedicaban a celebrar el día de la última cosecha a base de tajadas como pianos (= ciegos como piojos), magia negra y sacrificios humanos de propios familiares (y esto no me lo estoy inventando. Puedes encontrar algo así, junto a otras lindezas, haciendo click aquí), me parece tan ridículo como aquellas críticas que se elevaban contra los cristianos en los tres primeros siglos de nuestra era, en las que se decía que los seguidores de Jesús montaban orgías secretas y sacrificaban niños durante las Eucaristías (Minucio Félix, Octavius 8,4, o Tertuliano, Apologeticum 7,1), o veneraban la cabeza de un burro crucificado (Frontón, Oratio 9).
En fin: voy a intentar apuntar algunos errores de bulto que se suelen cometer en las críticas a Jalogüin, procurando navegar hasta las ancestrales raíces del culto a los difuntos, para después dar algunas humildes recomendaciones que puedan servirnos de cara a vivir estos días con alegría y paz.
PRIMER ERROR: JALOGÜIN ES UN ATAQUE A NUESTRA TRADICIÓN.
Este primer error de bulto está basado en un desconocimiento profundo de la cultura religiosa de la humanidad. ¿Por qué? Porque precisamente en nuestra tradición occidental hay algo muy anterior a la fiesta de Todos los Santos: el culto a los difuntos.
¿Cómo? ¿Estás de cachondeo, o qué? ¡Estos curas nos van a quitar la fe!
Pues bien: respecto al Día de Todos los Santos, la Iglesia al principio solo daba culto a los mártires. Después, a finales del siglo IV, se tienen algunas noticias del culto a ciertos santos, sobre todo del mundo monástico o episcopal, diferentes a los mártires. Durante los siglos V y VI se fue extendiendo este culto, se fueron construyendo santuarios, se multiplicó la veneración de las reliquias… pero todavía no había un Día de Todos los Santos instituido como tal, aunque se celebraba en diversos lugares y fechas. Hay que cabalgar hasta mediados del siglo IX para encontrarlo, instituido para toda la Iglesia, el 1 de noviembre, por el papa Gregorio IV.
Si nos ponemos a investigar el culto a los difuntos, en particular los banquetes fúnebres, nos encontramos con una sorpresa mayúscula: pertenece a la estructura de las primeras tradiciones religiosas de la humanidad, animistas en su mayor parte. La finalidad, que cambia poco a lo largo de los siglos, era doble: nutrir a los difuntos, y estrechar los vínculos de amistad de los vivos entre sí y con los antepasados.
Durante los primeros siglos de nuestra era, este culto a los difuntos era algo universal dentro del Imperio Romano, como muestran los textos y monumentos. Se extendieron al culto de los mártires todas las tradiciones de estos cultos que no eran incompatibles con la fe cristiana. Poco a poco se corrigió o completó aquello que “rechinaba”, sustituyéndolo con prácticas típicamente cristianas, pero se puede decir que, en general, se siguió observando el culto de los difuntos en todo aquello que no era contrario a la fe, y que este culto fue evolucionando poco a poco hasta la siguiente etapa.
Un ejemplo claro de esto son las libaciones y los banquetes fúnebres que los cristianos de Roma celebraban por sus difuntos, sepultados cerca de la tumba de Pedro, o por los mismos apóstoles Pedro y Pablo. En España sucedía algo parecido, mientras que en África Tertuliano (De testimonio animae 4,3-6) y otros criticaban esta tradición. Todavía a fines del siglo IV, en la basílica de San Pedro en Roma se seguía observando este culto en forma de banquetes fúnebres, e incluso a principios del siglo V: de hecho, Ambrosio y Agustín (Epistula 22, 3) hacen campaña contra esta tradición (cf. V. Saxer, Culto de los mártires, de los santos y de las reliquias, 1377-1378).
¿Y qué pasó después? El culto a los difuntos se adaptó al cristianismo como religión oficial, y fue adoptando formas diversas en versiones totalmente cristianizadas. Los banquetes fúnebres sobrevivieron en muchos lugares; en otros, se redujeron a visitas a los cementerios y oraciones o celebraciones precisamente el mismo día. Como ejemplo del primer caso, tenemos el Día de los Muertos, en México, una celebración mesoamericana propia, que se mezcló con las tradiciones europeas a partir de estos banquetes fúnebres; en el segundo caso, nuestra tradición de visitar a los difuntos en los cementerios el Día de Todos los Santos. Como culmen de todo esto, y parece que teniendo en cuenta que estos banquetes fúnebres gozaban de especial importancia en el mundo celta, se instituyó universalmente el Día de Todos los Santos respetando precisamente las fiestas del Samhain de aquella parte de la cristiandad. ¿Que qué es el Samhain? Seguidamente lo vemos.
SEGUNDO ERROR: JALOGÜIN ES (SOLO) UNA IMPORTACIÓN YANQUI.
Esto es, efectivamente, falso. No es plan de explicar aquí con todo lujo de detalles el origen celta (que se puede consultar ampliamente en la versión inglesa de la Wikipedia bajo la palabra Samhain), particularmente irlandés, de la tradición que dio origen a Halloween, pero básicamente se trataba de la fiesta del fin de la cosecha y, por tanto, el inicio del año, a finales del actual mes de octubre (aunque, dependiendo de las zonas, el día concreto podía variar). El pueblo se reunía, los druidas hacían celebraciones dentro de las que se ofrecían las primicias de los frutos, y se abría la barrera que separaba el mundo de los vivos y el mundo de los espíritus. Estos, por tanto, regresaban esa noche para poder cenar con aquellos; se les hacía un camino de luces para que no se perdieran en su retorno momentáneo, y se compartía la comida con ellos. Aparte, se ponían nabos, vaciados e iluminados por dentro, a las afueras de las viviendas como protección contra los espíritus malignos.
Hay una rica mitología acerca de estas fiestas del Samhain (que en Galicia recibe el nombre de Samaín), transmitida oralmente y luego escrita por monjes católicos irlandeses (si queréis ver una película sobre este tema, os recomiendo «El secreto del Libro de Kells» (Tomm Moore, Nora Twomey, 2009), una maravilla de la animación, y una obra de arte y de inmersión en la historia), que contiene héroes, reyes, monstruos, guerreros, demonios, espíritus del bosque, el ídolo pétreo de Crom Cruach e incluso sacrificios humanos, pero hay que distinguir mitología e historia: la fiesta histórica consistía básicamente en lo explicado, con variantes en distintas tradiciones.
CLICAR EN EL ENLACE: https://www.youtube.com/watch?v=oYZAA0onZqE&t=5s
Después de que los pueblos celtas entraran en el Imperio Romano, y a pesar de la desaparición de los cultos druidas, esta tradición de la noche de Samhain se mantuvo, incluso posteriormente dentro del cristianismo, y se extendió, en el mundo medieval, por los pueblos de origen céltico, adaptándose a las tradiciones particulares de cada lugar. Eso sí: en esta adaptación, en los pueblos de lengua inglesa se cristianizó también el título de la fiesta, pasando de ser “Samhain” a “la víspera de todos los santos”, es decir, “All Hallows’ Eve”, origen de la palabra “Halloween”. Durante la modernidad, llegó a Norteamérica con los emigrantes irlandeses y se inculturó entre los pueblos indígenas, aunque fue muy reprimida por las autoridades luteranas de Nueva Inglaterra. Entre estas adaptaciones, se sustituyeron, por ejemplo, los nabos por calabazas.
TERCER ERROR: JALOGÜIN ES LA FIESTA DE LA MUERTE.