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Comentario al Evangelio XXXI Domingo del Tiempo Ordinario
Monseñor Oscar Ojea compartió su reflexión para el trigésimo primer domingo del tiempo durante el año, a través de la cual expresó que: “Estas palabras de Jesús frente a las autoridades religiosas de su pueblo, son palabras muy duras, pero muy claras; ellos ejercían una autoridad que oprimía al pueblo porque enunciaba verdades, pero no hacían nada por cumplirlas; atan pesadas cargas sobre los de los demás y ellos no son capaces de moverlas ni siquiera con un dedo”.
El obispo de San Isidro profundizó sobre dos aspectos: “Lo primero que se denuncia es falta de autoridad, de autoridad verdadera; la autoridad es la que hace crecer al otro, la autoridad es creativa, la autoridad no es opresiva; en cambio acá se habla de un discurso sumamente exigente para los demás, pero no para los que lo predican. Se había creado y, tantas veces pasa, como un “profesionalismo” de lo que hay que hacer, como un profesionalismo de la palabra, del discurso, habiendo una profunda disociación con la vida; es como un cierto “gatopardismo”. Hablemos mucho para que no pase nada con nosotros, hablemos mucho para crear una suerte de no compromiso con la realidad, para alejarnos de la realidad; es la palabra que aleja y al mismo tiempo la palabra que duele al pueblo porque lo somete”.
El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina refirió que: “En segundo lugar, el Señor nos habla de la búsqueda de la apariencia y esto es una tremenda debilidad humana; somos lo que somos delante de Dios y lo que somos delante de nosotros mismos; no tenemos que buscar todo el tiempo aparecer frente a los demás para definirnos de esta manera, no tenemos que estar haciendo teatro con nuestra vida, no tenemos que estar fingiendo para tener una buena nota afuera; sino estamos continuamente pendientes de la imagen y sabemos los tremendos prejuicios que esto ha causado a través de Internet, sobre todo en nuestros chicos, estar totalmente sometidos “a me gusta, no me gusta”; es necesario ir creando esa imagen delante de uno mismo, ser uno mismo de verdad y ser delante de Dios, esto es lo que somos y si no, somos tan poquita cosa que estamos todo el tiempo adaptándonos y no somos nadie”.
Hacia el final de su reflexión para el domingo 31° del tiempo durante el año, monseñor Oscar Ojea animó: “Jesús va de frente directamente a esto y, finalmente: no hagan que lo llamen padres ni maestros, todos somos hermanos. Hemos vivido un Sínodo donde hemos remarcado esta realidad; el bautismo nos hace hermanos, corresponsables por nuestra Iglesia, corresponsables en la predicación del Evangelio; laicos, laicas, religiosas, religiosas, sacerdotes, obispos; todos juntos somos hermanos. No tenemos que buscar estar por encima, sino que tenemos que buscar la verdadera fraternidad en Cristo nuestro Señor que está creada por nuestro bautismo”.
Monseñor Ojea finalizó su reflexión animando la esperanza, pidiendo que: “Que el Señor nos conceda poder entender estas palabras duras en un momento de mucha tensión que él dice, cuándo va a entrar en Jerusalén y ya él sabe cuál va a ser el desenlace final de su vida, entonces quiere enfrentar estas mentiras o estas falsas verdades para poder iluminar al pueblo y pidiéndole que se anime a vivir a fondo la verdad del Evangelio que él predica”.
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