Comentario a las lecturas del domingo 27º C
La fidelidad en el servicio no espera recompensa
"Dios en la persona de su Hijo nos revela la importancia de acompañar y no dejar solos"
Al Llegar a la celebración de la Ascensión del Señor en este tiempo de pascua, se ilumina nuestra mirada de fe, al contemplar a Jesús Resucitado que se conduce al encuentro del Padre para sentarse a su derecha.
Jesús ha fortalecido durante los cuarenta días posteriores a la resurrección a unos discípulos frágiles, llenos de dudas, desconcertados y tristes en diversos momentos. De tal forma que su estado de ánimo es fortalecido por el mismo Jesús que se les aparece de diversas maneras para fortalecerlos.
Jesús ha dilatado durante estos cuarenta días su encuentro para sentarse a la derecha del Padre. Pero los signos de estos 40 días nos ayudan a vislumbrar el camino de acompañamiento que la misma vida exige en sus diferentes momentos y situaciones. Jesús no deja en el vacío a sus discípulos, sobre todo, cuando les falta entender la etapa dejada con el Jesús terreno para experimentar la relación en el Jesús Resucitado. Nuestro entender y comprender lleva su propio proceso.
Hoy en nuestro mundo, sobre todo en la familia, hemos perdido el gran valor del acompañamiento. Este acompañamiento instruye, ilumina, fortalece, conduce, despeja dudas.
Dios en la persona de su Hijo nos revela la importancia de acompañar y no dejar solos. Hoy vemos a muchos hijos abandonados en el caminar, expuestos a diferentes suertes que arriesgan el llamado a ser plenos y felices.
Acompañar significa estar ahí; como lo dirá el mismo Jesús: yo estaré con ustedes todos los días. Y como lo dirá Santa María de Guadalupe a Juan Diego: que no estoy yo aquí que soy tu madre.
Jesús seguirá acompañando a su comunidad de discípulos, pero ahora con una novedad para los discípulos hasta entonces desconocida: la manifestación del Espíritu Santo.
La Iglesia, en cada uno de los hijos de Dios, camina en una experiencia de fortaleza, consuelo y luz como ya lo dice la segunda lectura de Pablo a los Efesios en esta solemnidad.
Nuestro camino es un camino de fe en la cotidianidad de la vida y debemos seguir adelante: Galileos que hacen ahí parados, ese mismo Jesús que han visto alejarse volverá.
Tenemos que entender que en la vida hay que seguir adelante, aunque a veces las emociones sean variadas. Tenemos que aprender que la vida es una experiencia continúa. Que en el camino hay experiencias felices y dolorosas. Experiencias que hubiéramos querido evitar y otras nunca dejar escapar por lo felices que nos han hecho.
Pero es necesario que Jesús suba al Padre porque sino no crecemos en la experiencia del Espíritu Santo y, sobre todo para pasar a la configuración de la experiencia de comunidad de hermanos, al formar una familia y una iglesia.
Hay que superar etapas, las cuales han dejado una huella, pero hay que abrirse a la novedad que nos hace crecer y dejar el ecco de nuestra vida en esta historia que estamos haciendo.
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